Los Hermanos Cubero: Si es tristeza, hay esperanza

«Las tumbas se inventaron para que la memoria de los vivos se refugiara en ellas». Lo escribe Manuel Vilas en Ordesa, ese libro repleto de verbos en pasado, en el que el autor hurga en heridas que no curarán nunca para que de ellas broten la ira, la pena, la desesperación o el amor. Emociones que nacen del desgarro por la muerte de los padres convertidas en un ejercicio de exhibicionismo de un dolor tan íntimo que necesita ser colocado a la vista de todos. Quizás sea verdad que las tumbas se inventaron para ser refugio de la memoria de quienes aún siguen vivos y se enfrentan a la tarea imposible de tratar de comprender lo incomprensible. Y puede que los libros fueran inventados por el mismo motivo, igual que las canciones. Por eso existe Ordesa, y por eso existe Quique dibuja la tristeza, el disco demoledor de Los Hermanos Cubero.

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Huercasa Country Festival y su alegato de amor por la música

Estaba a punto de terminar el concierto de Steve Earle en el Huercasa Country Festival cuando el contestatario rockero nacido hace 63 años en Virginia comenzó a arpegiar en su guitarra acústica los acordes iniciales de Chritsmas in Washington, que abre su disco El Corazón. Después se acercó al micrófono, dio las gracias al público y, sobre esas notas sonando en círculos, construyó un emotivo discurso que convirtió en una declaración de amor a la música tan humilde, tan rotunda, tan radicalmente honesta, que terminó de encoger el mismo corazón a los varios miles de personas que llevaban hora y media escuchándolo cantar en el campo de fútbol de Riaza, en Segovia, donde se celebra desde hace cinco años este precioso festival. «Lo que hago es cantar porque creo realmente que la música puede cambiar el mundo», dijo el viejo Steve, quien aseguró haber recorrido EEUU de arriba a abajo encontrando siempre a gente que se le acercaba para decirle que sus canciones le habían cambiado la vida porque le habían cambiado la mente. Y por eso él sigue y seguirá cantando, igual que antes lo hicieron Woody Guthrie y otros músicos reivindicativos que soñaban con algo mejor, «con cientos de voces entonando juntas una misma canción».

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Tòfol Martínez: «Las heridas que me han curado estas canciones son las que yo mismo me hice»

Decía aquí hace poco el maestro de cancionistas José Ignacio Lapido que las canciones son «bellas mentiras que deben destilar toda la verdad del mundo». A Tòfol Martínez le gusta imaginarlas como «verdades necesarias para convertir el mundo en algo bello». Y bajo esa premisa acaba de lanzar ‘La verdad y la belleza’, una colección de canciones cocinadas con ambos ingredientes en dosis considerables. «Es un disco de luz que viene de lo oscuro», afirma el músico catalán, que se despoja de su traje de bluesman por primera vez en un trabajo de estudio para vestir sus canciones de sonidos más cercanos al pop y al rock. Con una fuerte carga lírica en sus letras y una producción cuidada y preciosista, son canciones que abren heridas para después sanarlas, que te asoman al abismo y, en el borde, te salvan. Son canciones, en fin, que destilan toda la verdad de un mundo que con ellas se convierte en un lugar más bello.

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The Traveling Wilburys: «Si lo hubiéramos planeado, nunca habría ocurrido»

Los Ángeles, primavera de 1988, hace ahora 30 años. George Harrison sale a cenar con el productor Jeff Lynne. A la reunión se suma Roy Orbison, con quien Lynne está trabajando también en lo que será el disco Mistery Girl. Harrison tiene que grabar una canción para la cara B de un single y se les ocurre llamar a Bob Dylan, que los invita al pequeño estudio de su casa en Malibú. George debe pasar antes por la casa de Tom Petty para recoger una guitarra que le prestó al líder de los Heartbreakers. Éste se une al grupo y los cinco amigos acaban un día en el estudio de Dylan, dando forma entre todos a la canción que Harrison tiene entre manos. En algún momento Bob pregunta por el título y George se fija en una caja apilada tras una puerta con el rótulo ‘Handle with care’. Ese es el título. A todos les gusta y la canción nunca será una cara B, sino que se convertirá en el punto de partida de The Traveling Wilburys, un supergrupo nacido de la amistad de cinco talentos estratosféricos y de su amor sin condiciones por la música.

* (Entrevista reconstruida a partir del documental The true history of The Traveling Wilburys)

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Alberto&García: “En el folclore latinoamericano está todo el rock’n’roll del mundo”

Durante la semana santa del año pasado, por motivos que aún no han sido aclarados, en Asturias brilló el sol. Esos días que anunciaban que el verano estaba ya en camino y con él sus fiestas en los pueblos y sus noches de verbena propiciaron el nacimiento de En lo alto, una de las últimas canciones que Alberto&García escribieron para El buen salvaje, el disco en cuya gira de presentación están inmersos. Es una composición alegre y original, sin un estribillo claro, como si estuviera escrita a borbotones, que inspira ternura y pone de buen humor. Habla de alguien que se deja llevar por las circunstancias, que agarra al vuelo un momento feliz sin calcular las consecuencias (“Ay de mí mañana cuando me acuerde de hoy”) y que definitivamente baja los brazos y se entrega a sus sentimientos, que lo dejan en lo alto. Y es también una buena metáfora acerca de cómo esta magnífica banda asturiana afronta su oficio, que es a la vez su pasión: hacer canciones como esta y tocarlas ante el público, sin medir ninguna consecuencia.

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Morgan, quizás algo histórico

Hace poco más de un año hablé con Quique González una tarde de esas que pasa aferrado a la guitarra. Entre otras cosas me contó que llevaba un par de horas ensayando una canción escrita por Carolina de Juan, la vocalista de Morgan, para cantarla junto a ella en el concierto que la banda madrileña tenía previsto ofrecer dos noches más tarde en Joy Eslava. “Lo de Morgan va a ser histórico, de verdad”, decía Quique con ese énfasis con que afirma algunas cosas que hace imposible rebatirlas. La canción a la que aquella tarde de febrero estaba dándole vueltas en su casa el autor de Me mata si me necesitas era Sargento de hierro, la misma que, efectivamente, dos noches después estrenaba en directo Morgan en el escenario de Joy, con González como invitado especial compartiendo micrófono con su admirada Nina. Dos detectives investigando el alcance emocional de una canción inabarcable, bellísima y sentimentalmente devastadora. La misma que hace unos días Morgan lanzaba como adelanto de Air, su segundo disco, a la venta desde el 16 de marzo.

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Santero y los Muchachos: ¿Quién no quiere estar con los mejores?

Imaginemos a un padre que trata de inculcar a sus hijos el amor por la música. Que les habla a los críos de sus experiencias como componente de un grupo, que escucha junto a ellos los discos que grabó con su banda, que les cuenta las decenas de anécdotas que hay detrás de las canciones. Imaginemos que para estos niños —que crecen tropezándose cada día con algún instrumento por casa— su padre es el mejor (no cuesta nada imaginar eso) y, por extensión, también lo son los amigos de éste, músicos como él. ¿Quién se resiste a pensar que esos chavales desearán algún día seguir los pasos de sus mayores? ¿Quién no querría, como ellos, estar con los mejores? No es necesario recurrir a la imaginación cuando se tiene delante sobre un escenario a Santero y Los Muchachos, el cuarteto de Valencia que está presentando su primer disco, Ventura. En lo que transmiten, en lo que cantan, en lo que son, lo explican todo. Sigue leyendo

Lo que llega y se nos va

Alvarovuela

Álvaro en su lugar en el mundo: a los mandos de un avión.

Álvaro murió la otra tarde en el hospital a los 47 años. Era un tipo inteligente y brillante en muchas facetas, con una mente creativa en permanente ebullición y una habilidad innata para sacar adelante cualquiera de sus ideas. También fue el niño que me agarró de la mano en mi primer día de colegio y quien me enseñó algunas cosas esenciales para desenvolverme en el mundo: montar en bicicleta y conducir motos, construir y volar aviones de madera, afeitarme con cuchilla, convertir cajas de frigoríficos en naves espaciales, tocar Sol-Mim-Do-Re en la guitarra, escuchar a Barón Rojo, liar cigarrillos, disfrutar del olor a café por la mañana, poner una moneda como contrapeso sobre la aguja del tocadiscos, evitar el desodorante en los huevos porque escuece… Álvaro era mi hermano mayor, por eso él siempre fue un paso por delante en casi todo lo relativo a crecer y enfrentarse a la vida. Aunque su última gran lección fue la valentía y la generosidad con que se enfrentó a la muerte.

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Estrenamos ‘Tras el huracán’, single de adelanto del nuevo disco de Txetxu Altube

Tras el huracán es el nuevo trabajo discográfico de Txetxu Altube, el segundo en su trayectoria en solitario después de Cuestión de intensidad (2015). También es un viaje con paradas en Madrid y en Dublín y una historia levantada entre hazañas y renuncias, contada en una docena de canciones que hablan de caer y de recomponerse, del vértigo al abandonar un refugio que fue seguro, del consuelo al sentir las heridas sanar. Grabado en los estudios Black Betty nuevamente con Jose Nortes como productor, el trabajo verá la luz el 17 de noviembre. Hoy, Esa canción me suena desvela su portada y estrena en primicia el single del disco, de título homónimo, disponible en plataformas digitales a partir del martes 24. Hasta entonces se puede escuchar aquí el inicio de este camino que se adentrará en nuevos paisajes. Los que se vislumbran en el horizonte en el instante en que todo ha sucedido pero todo está por suceder. En ese momento crucial que llega tras el huracán.

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Últimos ejemplares a la venta de ‘Salitre48. Quique González en el disparadero’

Coincidiendo con el fin de la gira ‘Me mata si me necesitas’ de Quique González y Los Detectives, Esa canción me suena lanza una oferta por los últimos ejemplares en stock del libro Salitre48. Quique González en el disparadero. Así, todos los pedidos recibidos a través de este blog hasta el próximo 2 de octubre, último concierto de la gira, tienen un precio de 12 euros con envío a España incluido. Además, sorteamos tres ejemplares en Facebook y otros tres en Twitter entre quienes compartan este post de forma pública o hagan RT desde los perfiles de Esa canción me suena hasta las 12:00 horas del domingo 24.

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José Ignacio Lapido: «Las canciones son bellas mentiras que deben destilar toda la verdad del mundo»

Está a punto de lanzar su octavo disco en solitario, El alma dormida, pero ésta no es una entrevista de promo. De esas ya vendrán. Aquí se trataba de tantear el estado de ánimo de José Ignacio Lapido, uno de los escritores de canciones más lúcidos y eminentes que ha dado este país, estado, nación de naciones o lo que malamente sea, en el momento previo a poner en marcha una vez más la maquinaria del rock’n’roll. Pronto saldrá de gira con su magnífica banda para presentar ante su legión de fieles las nuevas canciones, de las que damos tan por sentada su excelencia como el hecho de que no las escucharemos en las emisoras de radio comercial. En cualquier caso, el anuncio de este feliz alumbramiento fue motivo suficiente para que hace semanas enviáramos a Granada una serie de cuestiones poco habituales en las entrevistas con Lapido, aderezadas con ciertas dosis de ironía y cinismo. Las respuestas llegaron de madrugada, mientras veíamos el sol salir. Aquí se presentan sin aliño ni elemento ornamental alguno. Imaginemos que es la conversación de dos tipos de traje negro sentados en una habitación en penumbra, en la que uno pregunta y el otro responde mientras afuera se escucha el jolgorio. Sobre la mesa quizás habría ginebra, un reloj de arena, una corona de espinas y una caja de artículos de broma.

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Jorge Marazu en el manantial de Luz

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Una pareja de patos blancos chapotea en la pequeña laguna que adorna la entrada de Blascosancho, muy cerca del frontón viejo. Al otro lado se levanta el nuevo, construido junto a la ‘casa de los maestros’, hoy convertida en alojamiento rural. En ella habitó el niño Jorge Hernández Marazuela, quien años después adoptaría el nombre artístico de Jorge Marazu. La hora es todavía propicia para la siesta, por eso los patos de la laguna son aparentemente el único vestigio de vida que percibimos al llegar a este minúsculo pueblo de la moraña abulense. El sol de agosto se desploma sobre la llanura a través de una leve brisa, adueñándose con su luz primaria y cegadora del silencio de las calles vacías y de la quietud de los campos amarillos de cereal ya cosechado. Es la luz de la vieja Castilla, indiferente al tiempo y a las personas y fuente de inspiración para poetas, escritores y artistas de toda época y condición. La misma luz que refulge espléndida en Lumínica, el tercer disco de Marazu, que sale a la venta el próximo 22 de septiembre editado por Universal. Son precisamente esta luz y el rastro de ese puñado de canciones lo que esta tarde de verano nos ha conducido hasta aquí.

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Quique González y Carlos Raya, juntos en la grabación de un DVD en directo en Mad Cool Festival

Quique González junto a Carlos Raya en la época de 'Salitre48'. Foto: Fernando Maquieira.

Quique González junto a Carlos Raya en la época de ‘Salitre48’. Foto: Fernando Maquieira.

Dos noticias importantes hoy que, en realidad, son una misma: Quique González y Carlos Raya volverán a trabajar juntos, y ese encuentro se producirá durante la grabación de un DVD en directo en el concierto que Quique González y Los Detectives tienen previsto ofrecer el próximo jueves 6 de julio dentro de la programación del Mad Cool Festival, en Madrid. Así lo han confirmado en rueda de prensa el director de este evento, Javier Arnaiz, y el propio González, que se ha mostrado encantado ante las perspectiva de reencontrarse con quien fue su primer productor, algo que no sucedía desde 2006, cuando se editó el DVD y CD en directo Ajuste de Cuentas, y ha calificado esta oportunidad que le ofrece Mad Cool Festival como «un regalo».

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Faz, el rostro ecléctico de Itziar Baiza y Nacho Mur

Foto: Carlos Fernández.

Foto: Carlos Fernández.

Han trabajado juntos el tiempo suficiente para ser capaces de reconocerse mutuamente no solo en el escenario, sino también en las canciones que ambos interpretan y en una actitud similar de respeto y amor a la música. Nacho Mur, auténtico y fiable todoterreno, colabora habitualmente como músico en el proyecto en solitario de Itziar Baiza, dueña de un tesoro en la garganta, y hace cerca de un año decidieron dar un paso más construyendo un edificio común que albergase las creaciones musicales de los dos. En esa decisión se encuentra el origen de Faz, el proyecto conjunto, original, ecléctico y de una belleza arrebatadora con el que han grabado un disco presentado recientemente en Madrid.

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Marazu en la estela del cometa

Escuchando a Wilco aquella noche, Jorge Marazu tenía en la cara la misma expresión que se les quedó a esos padres levantados de madrugada que iban a colocar juguetes y encontraron a los reyes magos tomando whisky en el salón. Fue hace cerca de un año. Habíamos quedado para ver juntos el concierto de la banda de Chicago en el festival Noches del Botánico y para él era la primera vez. Hacía el calor con el que en los últimos años el verano sitia Madrid y Jorge venía alterado por las expectativas, así que antes de que empezara el bolo ya sudaba sentimiento. Mediado el concierto se subió a la grada con Pollo, pensé yo entonces que apabullado por la temperatura y la emoción, pero ahora creo que lo hizo para tomar la distancia precisa. Me quedé en la pista con Nacho Mur, otro músico pasional al que vi flotar cuando en los bises Tweedy y los suyos se desenchufaron para tocar, entre otras, California Stars (joder, cómo tiene que ver ese concepto musical con dónde anda metido Nacho un año después) y nos reunimos con Marazu al terminar. Intentamos usar tantas palabras para describir lo que acabábamos de vivir que nos faltaron las adecuadas.

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Dani Flaco: «Conecto con la melancolía, pero no con la nostalgia»

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Dani Flaco afronta entre la alegría y la inquietud la gira de su nuevo disco, Verbenas y fiestas menores, que comienza este sábado 25 en la sala Galileo, en Madrid. Los nervios son a cuenta de los seis meses que lleva sin tocar —«a ver si se me ha olvidado», bromea—, y la alegría brota del mismo motivo, porque subir a un escenario, según dice, «es algo que necesito y que ahora mismo ya echo de menos». Han pasado tres años desde que editara su anterior trabajo, Versos y madera, con el que ha estado girando durante dos años y medio por salas y garitos de toda España, en conciertos con banda y en otros más pequeños, en solitario con su Gibson acústica. «Así está hecha la vida, ¿no? De momentos grandes, las verbenas, y de acontecimientos íntimos, tristes o alegres, que son las fiestas menores», dice.  Aunque para tipos como él, puede que la vida esté hecha, sencillamente, de canciones.

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Joe Eceiza con Toni Brunet: luz en la noche del jueves

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Joe aprieta fuerte los párpados cuando canta, y dibuja en su boca un rictus que acaba pareciéndose a una sonrisa y que probablemente lo sea. Algunos versos, más que terminarlos, los sugiere, susurra las últimas palabras y las deja flotando un instante en la oscuridad, brillan fugazmente y desaparecen. Si no las atrapaste, ya han volado. Es noche de jueves y todo está en su sitio. El frío en la calle y el calor de los amigos en torno a unas mesas sembradas de tercios de cerveza. En el escenario Joe Eceiza se vacía los bolsillos, hasta hace un rato rebosantes de canciones. Las va mostrando una a una y las ofrece en envoltorios de lujo que Toni Brunet saca de su guitarra. El público, que en buena parte viene ya entregado de casa, agradece el regalo entre aplausos y vítores. Suena He vuelto a amanecer y la canción de Le Punk parece destinada a describir la escena que se desarrolla esta noche en La Fídula. La protagoniza el tipo que eligió cambiar el botín por sentirse vivo. El mismo que, en la penumbra, aprieta fuerte los párpados y parece que sonríe cuando asegura que todo irá bien.

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‘El Drogas’: Un día, una vida

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Aquel día se agotó por completo el merchan. Para tener algo más que ofrecer hubo incluso que recurrir a una partida de camisetas que en principio no se había puesto a la venta pero que, una vez en el mostrador, también voló en cuestión de minutos. A Richard y su gente no les quedó por vender ni una púa. El público se mostró ávido por llevarse a casa un recuerdo de aquel día en el que Enrique Villarreal, ‘El Drogas’, condensó ante 6.000 personas una trayectoria incontestable de la que pocos músicos pueden presumir. Seis horas de concierto, tres escenarios en diferentes formatos y 19 invitados son las cifras generales de lo que ocurrió en Pamplona el pasado 2 de julio. Fue un día nada más pero joder, a la vista de lo sucedido, fue el día.

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Hoy la vi (hoy la he vuelto a escuchar de nuevo)

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Puede que los versos más lúcidos escritos en la música en castellano en las últimas décadas (con permiso de José Ignacio Lapido) se encuentren en Contigo, una de esas bolas de demolición en que se tornan a veces las canciones de Joaquín Sabina. Es en el estribillo donde el pistolero de Úbeda dispara la bala de la verdad irrefutable: «Porque el amor, cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren». Es una afirmación dramáticamente cierta, quien lo probó lo sabe. Pocas cosas hay tan duraderas como un amor imposible, condenado al fracaso de antemano. Es precisamente en su fragilidad donde reside su fuerza, y de esa forma se asemeja al león herido y temible que se rebela contra su destino inexorable. Así es ese amor tóxico, envenenado, aniquilador e indestructible. El que perdura entre los pedazos de los cristales pisoteados por el suelo. El mismo que ha inspirado dolorosas y bellas canciones aun mucho después de haber sido dado por desaparecido.

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Diego Vasallo. La felicidad en una caja de tristezas

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Foto: Paco Posse (@fotopaco)

Terciopelo y espinas. Memorias huecas, corazones duros. Perlas falsas, días de luz, canciones que no hablan de amor. Escarcha posada en los años, tormentas de calma, licor de penas. Soles desprevenidos, aguas turbias al fondo de unos ojos, peces que saben morir. Esquinas perdidas de los mapas, caminos raros. Una vida entera amaneciendo, cien aviones despegando… En la noche del sábado, Diego Vasallo desplegó sobre el escenario de la sala Berlanga, en Madrid, su particular catálogo de imágenes crudas, bellísimas y reconfortantes. Verdaderas. Refugiado en la música y en su banda, pura elegancia, el autor donostiarra construyó un relato conmovedor, hecho de ruina y melancolía pero no de amargura. Todo lo contrario. Porque sus canciones son una muestra de que la felicidad también cabe en una caja de tristezas.

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Born to Run. Springsteen humaniza al mito

born-to-run-9781501141515_hrLos hechos son los que son y cualquiera puede narrarlos, pero sólo está al alcance de quien los protagoniza prender la luz y mostrar las causas, las consecuencias o las emociones ligadas a ellos. En el caso de Bruce Springsteen se ha publicado material biográfico suficiente para alimentar el mito durante decenios, pero únicamente él mismo podría en un libro acercarnos en verdad a la persona, al hombre que es, al joven y al niño que fue. A sus temores, sus traumas, sus ambiciones, sus éxitos y sus caídas. Al precio pagado por todo ello. Y ese es el principal valor que posee Born to Run, el libro de memorias publicado mundialmente a finales de septiembre. A lo largo de los años, fans de todo el planeta han aguardado interminables horas de cola para ver al Boss desde las primeras filas en alguno de sus conciertos multitudinarios. Con la telecaster colgando en su espalda, él se ha acercado a miles de ellos en mitad del show para estrechar sus manos y vislumbrar fugazmente la felicidad en sus rostros. Y ni siquiera en esos momentos de plena comunión con el público el rockero de Nueva Jersey se ha mostrado de una forma tan cercana, humana y vulnerable como lo hace en las páginas de este libro que ha tardado varios años en terminar.

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Cazar el tiempo, escribir con luz

No conocía a Juanan Requena, pero en el primer correo electrónico que me envió hace meses me llamaba hermano. Se percibía una sensibilidad especial en la forma de redactar aquellas pocas líneas que hablaban con elocuencia acerca de cómo Salitre48 había hecho de él otra persona, y la emoción que le provocaba que hubiese publicado un libro sobre ese puñado de canciones que para él resultaron definitivas. Después de leer aquel mensaje prometí regalarle un ejemplar, cosa que pude hacer días más tarde a través de nuestro amigo común Fernando Maquieira. De esta manera accedí al universo de un artista inquieto, si es que alguno no lo es, en incansable búsqueda y ocupado en dar caza al tiempo, en atrapar el instante, por ejemplo éste, el mismo que acaba de esfumarse para siempre. Lo dejó escrito, como tantas cosas, Antonio Vega: «Camino sin ver el final y el paso que aún no he dado ya está atrás».

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Destino 48: Detrás de una montaña de sueños

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Por si alguien duda de su determinación para vivir subiendo y bajando de escenarios, ellos lo dejan claro y por escrito: «No voy a echarme atrás por una vida barata, mis canciones son mi traje y mi corbata». Es parte de la letra de A ras de cielo, corte de Sol de invierno, el nuevo álbum de Destino 48 que sale a la luz el 12 de septiembre. Se trata del segundo disco de este grupo joven formado en Gijón —todos sus miembros cuentan con edades entre los 20 y 25 años— tras Esto no es un simulacro (2013), y en él insisten en avanzar por el camino del rock en castellano por el que han transitado antes que ellos muchas de las bandas y solistas con los que crecieron. Referentes que están muy presentes a lo largo de esta colección de 11 canciones en las que brillan asimismo las principales virtudes de los asturianos: letras pulidas con talento y emoción, bonitas melodías y un cargamento de ganas y actitud. Credenciales suficientes para situar a Destino 48 «detrás de una montaña de sueños», como también se describen ellos mismos en la canción aludida al comienzo de este párrafo y que constituye su particular declaración de intenciones.

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Canciones furtivas

A esta hora del día o de la noche muchos lo ignoran, pero hay canciones furtivas en movimiento. Algunas ocupan sólo un puñado de líneas escritas sobre un papel, amenazadas aún por la sombra de probables tachaduras. Otras luchan por mantenerse a flote en el mar convulso de sentimientos en el que han nacido y donde se debaten. Quizás lo consigan o tal vez naufraguen calladamente, sin estrépito, lastradas por el peso de motivos subjetivos. Ahogadas incluso antes de tener una oportunidad para alcanzar la playa.

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«Robe estuvo aquí»

Viví en un palacio y desprecié el lujo hasta que descubrí que el oro era falso. Me cubrieron de besos en un cuarto con ventanas abiertas al mar y al abismo. Me hospedé en un hotel en ruinas y de madrugada envidié a las cucarachas, que se hacían compañía. Me asomé a una tumba para decir adiós y todavía estoy allí.

En la bodega del barco sorprendí al capitán trazando planes con las ratas. En la cárcel estreché la mano del criminal. Bebí en la cantina hasta vomitar el asco y el dolor. Acudí al templo a rezar y lo encontré cerrado. Descarrilé en el vagón que perseguía los sueños. Disparé en la trinchera para matar al tiempo y al olvido.

Me visitó el demonio en una habitación pintada de otoño. Abrí la navaja en el túnel, sólo para ver si me asustaba. Salté al ring y el mal y el bien me apalearon. Aguanté la respiración en la cama del hospital para no oler la sangre y la mierda. Cerré el paraguas cuando llovía muerte en el patio de atrás.

Vi nacer a mi hijo en el laberinto que dibujó la esperanza. Me despertó en la cueva inhóspita el sonido de las flores al crecer. En el psiquiátrico, entre el griterío, escuché la música. Al desertar de la guerra llamé a la puerta y abrió mi mejor amigo. Me calentó la lumbre del hogar donde fui feliz.

En todos esos lugares leí la misma pintada en la pared:

«ROBE INIESTA ESTUVO AQUÍ»

Chema Doménech

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