LEIVA: “Se sufre menos al escribir cuando tienes cosas de las que despojarte”

Leiva1--644x362Es un intenso día de promo y Leiva lleva horas desenchufado del mundo, así que ignora que su amigo Quique González acaba de sufrir un accidente casero. Quique se ha hecho un corte con un cuchillo en la mano izquierda y la avería es seria, hay que operar esta misma tarde y, por lo pronto, ha cancelado el concierto que tenía programado en Santiago cuatro días después. Cuando, tras los saludos, le comunicamos la noticia, Leiva comienza a encadenar preguntas con gesto desencajado: “¿Pero qué me estás contando?, ¿cómo que operar?, ¿por qué no me ha llamado?”. Automáticamente pide disculpas y unos minutos para telefonear al amigo, pero éste no responde a la llamada. Marca entonces el número de César Pop, quien lo tranquiliza sobre el alcance de la lesión: no es grave pero requiere pasar por el quirófano y un tiempo de recuperación. Leiva se recuesta en el sofá, aliviado, y sin darse tiempo para pensarlo informa a su equipo de que esa misma noche saldrá para Cantabria. “Arreglamos la promo en el norte y la hacemos estos días, tengo que estar con Quique”.

Chema Doménech

Nadie cuestiona este cambio de planes inesperado, seguramente porque quien lo conoce sabe bien cómo funciona el universo de Leiva y la importancia que en él tienen las personas en las que el artista se apoya. Y Quique es de los íntimos, de esos que portan el título de hermano, como el propio César Pop o como Juancho, éste último además de en los afectos, hermano realmente en la sangre y en el DNI.

Una vez encajado el sobresalto, el músico regresa al estado de sosiego con el que nos había recibido minutos antes. Estamos en la sede madrileña de Sony Music, su sello discográfico, en plena promoción de su nuevo trabajo, Pólvora, que -haciendo honor al nombre- ha corrido como un reguero de explosivo por las listas de ventas hasta encaramarse a todos los números uno posibles. Es el disco del momento y, aunque en los pasillos y despachos se percibe una actividad frenética, la enorme y silenciosa sala en la que se celebra la entrevista permanece aislada de la vorágine. En ella se respira una tranquilidad similar a la que transmite el músico, que se expresa de forma pausada y con una exquisita amabilidad.

Pero no hay que engañarse por el ambiente relajado, el tiempo apremia y debemos comenzar ya una entrevista que tiene contados los minutos. Ni siquiera habrá tiempo para fotos así que comenzamos a disparar. Queremos saber a qué huele la Pólvora de Leiva a tan corta distancia.

leiva_polvora-portada“ME FÍO DE POP, ME FÍO DE JUANCHO Y ME FÍO DE QUIQUE. ES A ELLOS  A QUIENES ENSEÑO LAS CANCIONES CUANDO LAS ESCRIBO”

Empecemos por Carlos Raya. ¿En qué momento decides que quieres compartir el trabajo de producción del disco y que debe ser él quien lo haga? Desde que termino Diciembre tengo claro que mi siguiente disco lo quiero grabar con una banda tocando en directo y con un productor que me ayude. Cuando pienso en un productor a nivel nacional pienso en Raya, sin menospreciar a los demás, pero a día de hoy las cualidades que me interesan de un productor son las que tiene Carlos. Además somos amigos, hablamos el mismo lenguaje, llevamos años queriendo trabajar juntos, de hecho en su día hablamos de producir juntos Aviones aunque luego no lo hicimos. Un día estuvimos comiendo y hablando y él me dijo, ‘¿por qué no llamamos a Joe Blaney y lo hacemos los tres?’. Ese día arrancó todo.

Antes habías valorado irte a Nashville. ¿Tenías ya nombres en mente, habías contactado con alguien? Tenía en la cabeza a Brad Jones, sí, y a algunos músicos también. Pero al final trabajar con Carlos ha sido tan bonito y he aprendido tanto que ha sido un acierto y una gozada.

Por la trayectoria de ambos, juntaros quizás era inevitable… Sí, exacto. Ahora a toro pasado decimos, ‘joder tío, ¿por qué no lo hemos hecho antes?’ Él me ha ayudado mucho. Tal vez la labor más importante que ha hecho Carlos en Pólvora, entre muchas otras, es quitarme música. Me decía, ‘Lei, tú tienes demasiada música y no puedes plasmar tanta información en una canción, hay que reducir y ser más concisos’. Eso ha tenido que venir él a decírmelo.

¿Tuvisteis problemas a la hora de decidir el repertorio del disco? Problemas no. Pero Carlos quiso sacar una canción que se llama No soy para ti, que yo pensaba que era una de las titulares. Él no la veía dentro, y quiso meter Mirada perdida, que para mí era una de las canciones que se iban fuera. Creo que fue un cambio para mejor. Yo tengo una implicación personal con las canciones que Carlos no tiene, por lo tanto su perspectiva siempre es más válida. Lo cierto es que a Pólvora le sienta mejor que esté Mirada perdida y no esté No soy para ti. Creo que así está más compensado, él tenía razón.

Supongo que después de tantos años en Pereza, donde tanto Rubén Pozo como tú aportabais canciones, no es la primera vez que tienes que negociar cosas así. Sí, es un ejercicio que estoy acostumbrado a hacer. El verbo negociar suena muy fuerte, pero bueno, es poner el repertorio en una balanza y decidir. Es algo que llevo haciendo muchos años.

No debe de ser fácil, en cualquier caso. No, es jodido. Tú piensa que por cada canción que desechas se queda fuera un trozo de ti, y eso es muy difícil, son cosas que tienen que ver con las tripas. Es complicado.

¿Se aprende también así, confiando en gente a la que respetas? Por supuesto. En el caso de Carlos lo que ha hecho ha sido sumar. Como los dos queríamos el mejor disco y ninguno quería colgarse medallas, cualquier cosa que me decía él a mí o le decía yo a él era en pro de la canción, no en pro de la medalla. Y eso es música. La música es más importante que Raya o yo.

¿Eres de esa clase de músicos que terminan una canción y están locos por enseñársela a sus colegas? ¿Te dejas guiar por otros? Sí. Me fío mucho de Pop, me fío mucho de Juancho y me fío mucho de Quique. Estos tres son a quienes les enseño mis canciones cuando las escribo.

Y precisamente son ellos tres quienes firman la únicas colaboraciones que hay en Pólvora. Sí, en Terriblemente cruel terminé la letra con César y Juancho y en Palomas Quique escribió la segunda estrofa.

¿En qué contexto nacen estas colaboraciones? ¿Es en un momento en que se te atasca una canción o surgen de forma circunstancial? Con Quique tengo una hermandad total y, cuando me atasco, le mando la canción y él la trabaja como si fuera suya, y al revés. Nos ayudamos en la música y en lo que no es la música. Para mí Quique es uno de los grandes, uno de los que mejor escribe, es de esa gente de quien tenemos que aprender. Cuando me atasco en un texto Quique siempre suele ver la salida. Quizás a él le pasa conmigo más con las músicas. Y con César y Juancho, es que son mis hermanos. Juancho es mi hermano de DNI y César también lo es. Con Juancho vivo en la misma casa y César vive en el edificio de al lado. Somos una pequeña familia y siempre estamos trabajando juntos. No es que sea natural, es lo siguiente. Tanto como que un día yo estoy escribiendo mientras César hace la comida en la cocina.

Retrato OK“SI ESCUCHAS PÓLVORA CON CASCOS, RAYA ESTÁ EN EL LADO IZQUIERDO Y YO EN EL DERECHO. ES TODO EL DISCO ASÍ, UNA GUITARRA CADA UNO”

Pólvora es esencialmente un disco guitarrero. ¿Qué guitarras utilizásteis para grabar? Yo sólo utilicé una, fíjate, es la primera vez en mi vida que grabo un disco sólo con una guitarra. Fue una Telecaster, usé la misma Telecaster y el mismo amplificador y la misma ecualización en todas las canciones. Eso no lo he hecho jamás. Pero encontré mi sonido. Por su parte, Carlos trabajó con SG, con 335, con Stratocaster, con Telecaster y con guitarra barítono.

¿Cómo funcionais los dos como guitarristas? Bueno, Carlos es de otra división. Él y Ariel (Rot) son para mí los mejores guitarristas de la historia del rock en España. Carlos tiene un manejo de la guitarra apabullante en cuanto al rock se refiere. Si escuchas Pólvora con cascos, Raya está en el lado izquierdo y yo en el derecho. Es todo el disco así, una guitarra cada uno. Y bueno, vamos hablando, nos vamos buscando. Yo hago un lick y él espera, le dejo un hueco y él hace un arpegio… Era un lenguaje, un trenzado, y encontramos una manera. Te puedo decir que de lo que más he disfrutado en el disco ha sido comunicándome con Raya como guitarrista. Hemos hecho una pareja como guitarristas que, ¡buff! Hace años que no me encontraba tan bien con alguien tocando.

¿Y se tarda mucho encontrar esa manera? Mmmm… Sí, se tarda. Porque Carlos es un guitarrista que habla mucho tocando, y yo también soy así. No en su nivel, pero yo no hago una guitarra rítmica como tal. Entonces teníamos que hablar entre nosotros, es un trabajo que se tarda. Ninguna de las dos guitarras es al final más importante que la otra. Keith Richards dijo una cosa que me parece preciosa y que viene al caso: ‘Hay veces que escucho discos de los Stones y no sé si quien toca es Ron Wood o soy yo’.

El ingeniero Joe Blaney y Raya ya habían trabajado juntos y se entendían bien. ¿Cómo era para ti verlos a los dos currando? Ellos trabajaron juntos en el último disco de Fito y tenían un lenguaje alucinante. Son dos personas híper mega meticulosas con el sonido, los dos controlan muchísimo de sonido, los dos tiene mucho equipo, y es alucinante verlos trabajar. Ahí yo estaba rendido, ¿sabes? Cómo controlan sonido, qué oficio tienen… Fue espectacular. Puedo decir que a nivel de sonido es el mejor disco que he grabado en mi vida.

Y también habrá sido un aprendizaje brutal. Por supuesto. Ver poner micros y mover previos a Joe Blaney, pues claro, es una masterclasss continua. Hay gente que paga por ver eso, yo lo tuve al lado.

Eres un tipo que se implica a nivel personal en las canciones. ¿Qué etapa de tu vida refleja Pólvora? El disco arranca cuando termino de grabar Diciembre. Enseguida escribo Los cantantes y No soy para ti. Cuando estoy en el quinto show de esa gira empiezo a dibujar Pólvora en mi cabeza y a pensar que ya tengo un disco. La fotografía vital del disco dura desde que empieza la gira de Diciembre hasta que vuelvo de presentar el disco en Argentina. Durante ese año estoy escribiendo canciones.

Tu amigo Quique González dice que ponerse a escribir es volver a la mina, volver a sufrir. ¿Lo compartes? Creo que Quique funciona de manera diferente a la mía, él sale de gira, toca y luego compone más cuando hace los parones. A mí me angustia mucho dejar una época del año para escribir porque no sé si en esa época voy a responder. Por tanto voy haciendo canciones según voy girando, con mayor o menor fortuna, pero yo escribo canciones casi a diario.

En cualquier caso, ¿el sufrimiento al escribir viene motivado por la dificultad de crear algo de la nada o por el proceso de expulsar demonios? El sufrimiento es el papel en blanco, ése es el miedo que tenemos todos. Pero se sufre menos la composición cuando tienes cosas de las que despojarte, cuando hay cosas que te desbordan y no cuando está todo en orden y tienes que sentarte a pensar sobre qué vas a escribir. Para bien o para mal, en los momentos más convulsos de la vida de uno es en los que más se escribe. Por eso yo quiero que sean muchos los años convulsos, para que sigan viniendo canciones.

¿Tal vez Palomas y Vértigo son las canciones más sorprendentes de Pólvora, las que señalan un nuevo camino para Leiva? Sí, yo creo que esas dos son la parte más nueva de mi carrera, por su traje musical. Palomas tiene unos espacios, un trabajo de guitarras con delay, que no tiene que ver con reminiscencias de los 70, es algo más moderno, muy pop, muy británico. Yo creo que Palomas es la canción más interesante del disco. Y Vértigo también es diferente.

¿Ésta es un desahogo ante una grave traición que sufriste? Es interesante que lo digas porque me gustaría aclarar que Vértigo no es una canción que hable de ninguna traición. En algún sitio ha salido eso y no es verdad. Vértigo la escribo por tener vértigo hacia otras cosas pero en ningún caso es una canción con nombre y apellidos para nadie.

Abres el disco con Los cantantes, un homenaje a tu oficio. ¿En que médida te sacude a ti el viento de esos músicos que se autoeditan, que se van de gira sin apenas obtener ingresos, que meten todos sus ahorros en un disco que no va a contar con respaldo de casi nadie? Ellos son los que sostienen y dignifican este oficio. Es la gente que hace música cuando ésta sólo les reporta cosas emocionales, pero nada económico. Es ese ejemplo de músico working class hero, un músico apasionado que lo está dando todo sin que le venga de vuelta. Admiro más a ese músico que a cualquier otro. Y tengo muchos amigos, muchos, que son ese tipo de músico. Gente que se deja la vida por la música y ella no se lo devuelve. Pero ellos siguen, porque no pueden parar.

Ya que estamos con Los cantantes, esta mañana llevaba al cole a mi hija, de cuatro años. Siempre le pongo música en el coche y hoy le he dicho que te iba a entrevistar y que si quería que te preguntase algo. Ella me ha pedido que te pregunte por qué quieres volver a tu planeta, así que ahí te lo dejo. (Risas) Qué bonita pregunta. Hay veces que uno está de gira y está en una pequeña irrealidad. Te levantas en una furgoneta, estás tocando, hay gente, vuelves… Y de repente piensas, ‘necesito un cable a tierra, esto no es real, se va a acabar la gira y me voy a dar un batacazo’. Ese es el punto en el que pienso que tengo que volver a mi planeta, es la necesidad que tenemos los músicos de echar ese cable a tierra.

leiband2“LA ‘LEIBAND’ ES EL GRAN TESORO QUE TENGO. LEIVA ES LA CARA Y EL NOMBRE, PERO EN LA CARRETERA SOMOS UNA BANDA”

El día que salió Pólvora escribiste en tu facebook que el disco ya no te pertenecía, que era de tus seguidores. Ayer leí en un blog lo siguiente: “Pólvora somos todos. A mí ya me están pasando cosas nuevas, espero que Leiva se ponga las pilas y dentro de poco esté escribiendo sobre ellas”. Joder, qué bonito. Eso es espectacularmente bonito, es precioso. Mira mi brazo, me pone los pelos de punta. Sí, como espectador de la música, como fan de la música, yo me emociono con las canciones de los artistas en los que me proyecto, y me gusta pensar que eso ocurre con las mías. El otro día una chica me dijo, ‘tus canciones son más mías que tuyas’, y a mí me pareció brutal. Ahí es donde entiendo el sentido de grabar este disco.

En unos días empezáis los ensayos de la gira. ¿Cómo son los días en la carretera con los músicos y cómo defines a la Leiband? Mi banda es el gran tesoro que tengo. Son mis amigos, algunos de mi infancia, de mi barrio, y también está mi hermano. Son músicos de barrio, músicos de pasión. Leiva es la cara y el nombre y Leiva hace la promo, pero en la carretera somos una banda y ejercemos como una banda. Las decisiones musicales las consensúo con ellos, los repertorios igual, y reivindico el papel de la Leiband porque es importante en mi carrera. Si fuera otra banda, mi carrera sería otra también.

Tú tocas casi todos los instrumentos. Como director de orquesta, ¿te metes mucho en el terreno de los músicos o les dejas libertad? Ellos vienen a los ensayos con los discos aprendidos a la perfección, y luego cada uno va buscando su sitio. Pero partimos de la ejecución del disco tal y como está grabado. Después ellos van volando y por supuesto que tienen libertad. Al batería es al que tengo más frito siempre, porque es el instrumento que más dentro tengo y es a él al que más mareo de todos.

Te declaras fan de la música, reconoces que te encanta enterarte de los entresijos de los discos y escuchar batallitas de otros músicos. ¿Podrías contar alguna anécdota curiosa de Pólvora, algo que pertenezca a la trastienda y que a tus seguidores les gustaría saber? Mira, ‘Terriblemente cruel’, esa expresión, se me ocurrió estando en Argentina. Allí voy sin teléfono, no tenía dónde apuntar ‘Terriblemente cruel’ que para mí era importante porque sabía que de ahí iba a salir una canción. Entonces le pedí un bolígrafo a una chica para apuntármelo en la mano y ella sólo llevaba un lápiz de ojos. Me lo escribí con él en la palma de la mano y por la mañana lo vi y pensé, ‘OK, aquí hay canción’.

Vamos a terminar ya, con otra curiosidad. Cuando salió Diciembre te tatuaste ese título en el brazo, como también lo hicieron César y Juancho. ¿Tienes reservado un espacio en la piel para Pólvora? Sí, de hecho, mira. (En ese momento Leiva muestra su antebrazo izquierdo donde hay un tatuaje con la palabra ‘Pólvora’ cerrando un círculo con ‘Diciembre’. Nota del autor). Juancho y César no se han hecho este último, pero para mí era un sello que empezaba en Diciembre y tenía que cerrar con Pólvora.

Pues, si te parece, cerramos aquí la entrevista también. Gracias por este tiempo, Leiva. A ti. Y por cierto, dile a tu hija que su pregunta es la mejor que me han hecho en toda la promo (risas).

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