Canciones furtivas

A esta hora del día o de la noche muchos lo ignoran, pero hay canciones furtivas en movimiento. Algunas ocupan sólo un puñado de líneas escritas sobre un papel, amenazadas aún por la sombra de probables tachaduras. Otras luchan por mantenerse a flote en el mar convulso de sentimientos en el que han nacido y donde se debaten. Quizás lo consigan o tal vez naufraguen calladamente, sin estrépito, lastradas por el peso de motivos subjetivos. Ahogadas incluso antes de tener una oportunidad para alcanzar la playa.

Sigue leyendo

Anuncios

Una vida diferente

Enrique UrquijoA veces no somos conscientes de ello, pero ocurre. Un estribillo, un riff de guitarra, un verso que se clava en el corazón pueden cambiarte la vida. Quizás parezca exagerado, pero creo que no lo es. Una canción concreta hizo que quisiera aprender a tocar la guitarra. Y sé que esto no sólo me ha ocurrido a mí. En la adolescencia, mis sueños fluían animados por una música que hoy sigo escuchando y que no dejaré de hacer, porque ella motivó que mis ilusiones fueran aquellas, y no otras. He forjado amistades que tal vez serían más débiles si un puñado de canciones no hubiera enlazado aquel cariño mutuo manteniéndolo firmemente atado hasta hoy. Clarence Clemons, el saxofonista de la E Street Band, cuenta que una vez se le acercó un tipo para darle las gracias porque, según le dijo, el solo de saxo de Jungleland le había salvado la vida. Lo creo. Creo que un momento inspirado, mágico y brillante como ese solo de Big Man puede redimir a alguien y rescatarlo del más tenebroso agujero. Y también creo que mi vida sería diferente si no existieran Springsteen o Quique González. Y que yo no sería el mismo si nunca hubiese escuchado la voz de Enrique Urquijo o no se hubiera escrito El sitio de mi recreo.

Si quieres unirte a la página de este blog en Facebook, pincha aquí.
Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.