En el camino de estrellas

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Está cayendo la tarde de nuestro último día juntos. Intuyo que falta muy poco para que tu cuerpo recupere la paz que perdió hace ya tanto tiempo que parece que no existió una vida anterior a esta. Pero los dos sabemos que no es cierto, que la mayor parte de nuestros años pasados fuimos libres y que eso nos encadena ahora, en tu última hora.

He pasado la noche a tu lado, escuchando tu respiración convulsa, arrítmica y agónica como el tic tac de un reloj al que se le acaba la cuerda. Sé que no eras tú ya quien respiraba, hace tres días que te dejaste llevar. Me he levantado a cada rato y te he tomado la mano, he besado tu frente en llamas y te he dicho cosas que fuera de esta habitación blanca nos habrían sonrojado a ambos. He deambulado por los pasillos de madrugada, he llorado sobre tus ojos velados por la niebla y, ahora que no puedes verme, te he pedido perdón por lo que yo no vi.

Estamos contigo aquí, los que sobrevivimos a este desastre. De nuestros corazones quebrados aún brotan sonrisas inexplicables dirigidas a quien fuiste. Inclinados sobre ti, te acariciamos el pelo, te hablamos en susurros leves para que te sepas acompañado en este momento eterno en el que estás a punto de elevarte. Se nos doblaron las piernas tantas veces que hemos cogido el hábito, pero tú has sido fuerte y tu recompensa es partir hacia la luz.

Cuánto temimos esto, cuánto miedo acarreamos…

Pero la lluvia ya está en tu espalda, y el sol, que se esconde para nosotros sumiéndonos en una noche indeterminada y difusa, tal vez eterna, comienza a alumbrar tu rostro, que vuelve a ser el del niño con quien jugaba a indios y vaqueros en aquella plaza que hoy no reconocemos.

Es la hora, no lo retrases más. Los amigos se despidieron ayer. No mires atrás, no vuelvas a este lugar impregnado de tu dolor inmenso, que ahora se diluye en nosotros. Mereces volar sin medir el riesgo ni las consecuencias. Libre. Al fin.

Tu semblante se ha relajado y casi sonríes. Estás donde querías, en tu camino de estrellas. Desde hoy te veré en la oscuridad, tu ausencia es mi única certeza.

He perdido la fe y la esperanza y aun así, miraré al cielo hasta el último día.

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