Música contra los prejuicios

Reportaje original publicado en la revista PERFILES, nº 266.

Hace unos meses, los pasillos del Servicio de Psiquiatría de Zamora eran testigos del nacimiento de Calle 61, una banda musical formada por personas con enfermedad mental. Tras editar su primer disco, Hotel sin estrellas, el objetivo del grupo es seguir derribando, a través de sus canciones, los mitos que rodean a esta enfermedad.

Chema Doménech

Las letras de las canciones que compone Toni reflejan un crisol de sentimientos que viajan desde la luminosidad de un amanecer a la orilla del Mediterráneo hasta la oscuridad absoluta del encierro en una habitación sin ventanas. Emociones opuestas, sensaciones contradictorias, lo mejor y lo peor de la vida resumido en 11 canciones, las que forman el Hotel sin estrellas. Se trata del primer disco que presenta Calle 61, una banda nacida en los pasillos de un centro psiquiátrico y cuyos integrantes son personas con enfermedad mental.

Estoy atado de manos y piernas sin cuerdas y sin cadenas. No puedo, no debo, no puedo volar. Quizás esta sensación de la que habla el tema que abre el disco fue la que dominaba a Toni cuando se dirigió el año pasado al jefe del Servicio de Psiquiatría de Zamora, el doctor Manuel Franco, para plantearle la idea de formar un grupo, ya que había varios pacientes con conocimientos musicales.

“El doctor me dijo que le parecía bien y que le presentara un presupuesto para comprar instrumentos y el equipo necesario. Yo me quedé flipado, pensé que me estaba vacilando”, recuerda Toni, cantante, guitarrista y compositor de todos los temas de Calle 61. Ese fue el punto de partida de un proyecto que, además de musical, significa una alternativa de rehabilitación y de integración social de personas con enfermedad mental grave desarrollada por la Fundación Intras y el Servicio de Psiquiatría de Zamora, con la colaboración de la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León.

Lejos estaba Toni en aquel primer momento de imaginar que, poco más de un año después, Calle 61 sería una realidad con grabación de disco incluida.

Inquietudes artísticas. Poco a poco, el grupo fue cobrando forma y, sobre todo, sonido. Toni, que durante años perteneció a varias bandas de rock y que en el Servicio de Psiquiatría ya era conocido por tocar la guitarra y cantar en las salas de uso común, comenzó a reclutar a personas con inquietudes artísticas. Así se unió Emilio, joven vizcaíno que sabía tocar el bajo y que también había actuado en directo en alguna ocasión; Juan Luis, el veterano del grupo, con toda una vida musical a sus espaldas como baterista; y Míkel, cuya afición a la música lo ha convertido en el técnico de sonido de Calle 61. Todos ellos acompañados a la guitarra por Felipe, psicólogo de la Fundación Intras y también músico aficionado

Muros de obra vista, barrotes verticales, algunas con vistas al mar. Duchas de agua fría, siempre el mismo rancho y exceso de autoridad. Hotel sin estrellas, cáncer de esta sociedad.

La primera estrofa del tema que da nombre al disco describe de manera cruda lo que durante mucho tiempo ha supuesto el modelo de centro psiquiátrico en el que se trata a personas con enfermedad mental. Un edificio frío, lóbrego, donde los pacientes son encerrados tras muros tan altos como los prejuicios que la sociedad tiene hacia esta enfermedad. Un auténtico hotel sin estrellas para unos enfermos cáncer de esta sociedad.

“Una de las peores dificultades a las que se enfrentan las personas con enfermedad mental es el rechazo de la gente, ya que se trata de una patología totalmente estigmatizada sobre la que todavía hay mucho desconocimiento”, asegura Felipe, el psicólogo. “Muchas veces se asocia la enfermedad con comportamientos agresivos y peligrosos, cuando la realidad es que estos pacientes pueden vivir normalmente siguiendo un tratamiento médico y de integración social. En cualquier caso, encerrarlos es el peor tratamiento al que se les puede someter”, continúa Felipe.

Mil maneras de vivir. Está el político hablador, el payaso astuto, la fiera que nunca se amansa; el mono parlanchín, el poeta loco, el pintor ahogado en color. Son mil maneras de vivir la vida, cada cual en su papel. Mil maneras de vivir la vida y la cuestión, la cuestión es poder.

Según explica Toni, “esta canción la escribí para expresar que en la vida tiene que haber de todo, que cada uno es como es y que no se debe juzgar a nadie por sus circunstancias. Yo sé que la enfermedad que tenemos está muy mal vista socialmente, y que ha habido enfermos mentales que las han liado muy gordas. Pero no se debe juzgar sin saber, porque no todos los casos son iguales. Hay mil maneras de vivir la vida, lo importante es vivirla yendo a lo tuyo y sin hacer daño a nadie”.

“Lo peor es el desconocimiento”, corrobora Emilio, el bajista. “Yo sufrí mi primer brote muy joven, cuando vivía en Vizcaya con mis padres. Cumplí los 18 años encerrado en un psiquiátrico, y nadie sabía lo que me pasaba, ni siquiera mi familia comprendía mi enfermedad. Te sientes solo, una soledad terrible. Es muy duro”.

Lamentablemente, el sentimiento al que alude Emilio resulta familiar para la mayoría de personas con enfermedad mental. “Es muy jodido estar encerrado y que la gente no quiera saber de ti”, remarca Míkel, el técnico de sonido, joven de pocas palabras pero que se anima a hablar cuando se trata de expresar la incomprensión y los prejuicios que rodean a la enfermedad. Para Felipe, “es como si todos tuviéramos que llevar una etiqueta, como si alguien que sufre hemorroides se pusiera una pegatina en la frente que dice “sufro hemorroides”. Pues lo mismo ocurre con las personas con enfermedad mental, demasiadas veces están señaladas, marcadas, tienen que salir a la calle con esa pegatina en la frente”.

En el local de ensayo. “Dejaos de cháchara, vamos a tocar, ¿no?”, dice Juan Luis, sentado a la batería. El grupo se encuentra en el Centro de Día que la Fundación Intras gestiona en Toro (Zamora). Todos los viernes, los integrantes de Calle 61 acuden desde diversos puntos de la provincia para ensayar, lo que hace que este momento sea el más deseado de la semana. Juan Luis es el único de los músicos que vive en la residencia para personas con enfermedad mental gestionada por la Funda_ción Intras. Tiene problemas cognitivos, que le impiden orientarse, por lo que se ha convertido en una persona muy dependiente. A veces no encuentra el camino hacia su habitación, y su ropa parece estar siempre en un lugar distinto de donde la dejó. Pero cuando se sienta ante su batería, recupera sus habilidades artísticas, que ha desarrollado durante gran parte de su vida. Esta inquietud le llevó incluso a participar como figurante en la película Celda 211, rodada en la antigua prisión de Zamora.

“¿Cuál tocamos ahora?”, insiste Juan Luis, y los demás miembros del grupo retoman sus instrumentos, ocupan su lugar y hacen sonar los primeros acordes de la siguiente canción.

Yo, tu caballero andante en mil y una batallas, agonizando en veneno, poseido por dentro, y no lo puedo evitar.

Toni canta al amor con el mismo convencimiento con que lo hace cuando sus canciones hablan de problemas sociales, como la droga o la prostitución. “A mí me gustaría enviar un mensaje sobre todo a los jóvenes”, dice Toni. “Durante años yo me moví en el mundo de la noche, y es un mundo peligroso: alcohol, drogas… Mi enfermedad vino originada por el consumo de estupefacientes, y por eso quiero decirles a los jóvenes que no se la jueguen consumiendo drogas”.

“Detrás de cada persona con enfermedad mental hay una historia, y cada caso es diferente”, asegura Felipe. “Esa es la razón por la que no se puede tratar a todos por igual, cada persona tiene unas necesidades distintas y unas motivaciones concretas. Hoy en día, la enfermedad mental todavía es una desconocida”, concluye el psicólogo.

Calle 61 es una realidad, un proyecto musical y terapéutico que pretende ser de largo recorrido. “Ahora vamos a por el segundo disco”, dice Emilio medio en broma medio en serio, siendo consciente de que lo logrado hasta ahora ya es mucho.

Mientras tanto, el grupo seguirá reuniéndose cada viernes en Toro, para dejar que fluyan los sentimientos que cada músico lleva dentro. Demostrando a la sociedad que hay Mil maneras de vivir la vida y la cuestión, la cuestión es poder.

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