Últimos ejemplares a la venta de ‘Salitre48. Quique González en el disparadero’

Coincidiendo con el fin de la gira ‘Me mata si me necesitas’ de Quique González y Los Detectives, Esa canción me suena lanza una oferta por los últimos ejemplares en stock del libro Salitre48. Quique González en el disparadero. Así, todos los pedidos recibidos a través de este blog hasta el próximo 2 de octubre, último concierto de la gira, tienen un precio de 12 euros con envío a España incluido. Además, sorteamos tres ejemplares en Facebook y otros tres en Twitter entre quienes compartan este post de forma pública o hagan RT desde los perfiles de Esa canción me suena hasta las 12:00 horas del domingo 24.

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Born to Run. Springsteen humaniza al mito

born-to-run-9781501141515_hrLos hechos son los que son y cualquiera puede narrarlos, pero sólo está al alcance de quien los protagoniza prender la luz y mostrar las causas, las consecuencias o las emociones ligadas a ellos. En el caso de Bruce Springsteen se ha publicado material biográfico suficiente para alimentar el mito durante decenios, pero únicamente él mismo podría en un libro acercarnos en verdad a la persona, al hombre que es, al joven y al niño que fue. A sus temores, sus traumas, sus ambiciones, sus éxitos y sus caídas. Al precio pagado por todo ello. Y ese es el principal valor que posee Born to Run, el libro de memorias publicado mundialmente a finales de septiembre. A lo largo de los años, fans de todo el planeta han aguardado interminables horas de cola para ver al Boss desde las primeras filas en alguno de sus conciertos multitudinarios. Con la telecaster colgando en su espalda, él se ha acercado a miles de ellos en mitad del show para estrechar sus manos y vislumbrar fugazmente la felicidad en sus rostros. Y ni siquiera en esos momentos de plena comunión con el público el rockero de Nueva Jersey se ha mostrado de una forma tan cercana, humana y vulnerable como lo hace en las páginas de este libro que ha tardado varios años en terminar.

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Cazar el tiempo, escribir con luz

No conocía a Juanan Requena, pero en el primer correo electrónico que me envió hace meses me llamaba hermano. Se percibía una sensibilidad especial en la forma de redactar aquellas pocas líneas que hablaban con elocuencia acerca de cómo Salitre48 había hecho de él otra persona, y la emoción que le provocaba que hubiese publicado un libro sobre ese puñado de canciones que para él resultaron definitivas. Después de leer aquel mensaje prometí regalarle un ejemplar, cosa que pude hacer días más tarde a través de nuestro amigo común Fernando Maquieira. De esta manera accedí al universo de un artista inquieto, si es que alguno no lo es, en incansable búsqueda y ocupado en dar caza al tiempo, en atrapar el instante, por ejemplo éste, el mismo que acaba de esfumarse para siempre. Lo dejó escrito, como tantas cosas, Antonio Vega: «Camino sin ver el final y el paso que aún no he dado ya está atrás».

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Lo que esconde una portada

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Esta cubierta (fotografía y diseño) es obra de Fernando Maquieira. En su sencillez, es una preciosa portada que recoge la esencia de la historia que se narra en el libro. Al ilustrarse con una fotografía de la misma serie que la imagen que finalmente se incluyó en la tapa de Salitre48, es reconocible a primera vista y se asocia con el disco de forma automática. La figura a contraluz de Quique González, sentado sobre la funda de su guitarra en el margen de una carretera que se dirige hacia un mar en calma, realza la soledad del músico. La misma que debió de sentir muchas veces durante los dos años de gestación de esas canciones en las que nadie parecía creer, salvo él y su círculo más cercano. Al mismo tiempo la imagen desprende luz, como aquella colección de lunas llenas de las que habla Crece la hierba. La fotografía apareció hace meses, mientras repasábamos en el estudio de Fer el abundante material que conserva de aquella semana de trabajo en el Cabo de Gata de hace 15 años. Enseguida estuvimos de acuerdo en que sería la portada del libro. Ya estaba decidido el título, Quique González en el disparadero (referencia explícita a una de las canciones del álbum) y la imagen no hacía otra cosa que reforzar su significado. Ninguna plasmaría mejor la idea de un músico con un largo e incierto camino por delante, colocado por voluntad propia en el mismo disparadero. Después vendrían los ensayos con las tipografías, la búsqueda de armonía en la composición, el suave retoque de color, las pruebas de impresión, la preferencia por el papel mate… Debatimos incluso sobre el tacto que debería poseer esa imagen como tapa del libro, y tener tan claro lo que queríamos me sirvió de argumento para declinar alguna de las escasas ofertas editoriales que se presentaron. Fer Maquieira –que es ya un querido amigo– y yo sabemos el mimo que hay detrás de esta portada, y quería compartirlo y reconocérselo. Porque en un mundo que tiende a la chapuza y al trazo grueso, a la desidia y a la falta de rigor, siempre es tranquilizador tener cerca a alguien que hila fino y cuida los detalles. Y porque a veces me encuentro el libro por casa, y fijar por un momento la mirada en su cubierta es suficiente para hacerme sonreír.

#Eneldisparadero sigue a la venta en librerías, en los puntos de merchandising de la gira de ‘Quique González y Los Detectives’ y en el blog. Puedes comprarlo ahora pinchando aquí.

@chemadomenech

La tarde que estuvimos en el disparadero

SALITRE CHEMA-23

Era pasada la medianoche cuando Carlos Raya respondió al teléfono. A pesar de lo avanzado de la hora el productor se encontraba en su estudio, trabajando, tal y como había aventurado Quique González unas horas antes, al justificar su ausencia: «Seguro que Carlos está ahora mismo grabando algo increíble, y esa es la razón por la que no está aquí, porque para él hay cosas más importantes que la exposición pública». Lo dijo durante el acto de presentación de Salitre48. Quique González en el disparadero, celebrado en la librería Cervantes y Compañía al atardecer del pasado miércoles 27 de abril. Una puesta de largo literaria y musical «emotiva y verdadera», según manifestó en Twitter Santi Alcanda, que ejerció como excepcional maestro de ceremonias y propició desde el primer momento ese clima de emoción que, con la complicidad de todos los asistentes, se respiró en este rincón de Malasaña hasta bien entrada la madrugada.

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A la venta ‘Salitre48. Quique González en el disparadero’

EL LIBRO QUE NARRA LA HISTORIA DE UN DISCO EMBLEMÁTICO CONTADA POR QUIQUE GONZÁLEZ, CARLOS RAYA Y OTROS PROTAGONISTAS

Maquetación 1Salitre48 es un álbum especial en la discografía de Quique González y, sin duda, también uno de los más queridos por los seguidores del rockero madrileño. Publicado el 21 de mayo de 2001, el disco encierra una peculiar historia, marcada por el hecho de haber sido editado a partir de maquetas de canciones grabadas de forma artesanal en casa del productor Carlos Raya.

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Jaime Urrutia: “La Movida tuvo un componente punk, había que tocar las pelotas”

EL MÚSICO PRESENTA EL LIBRO CANCIONES PARA ENMARCAR

Cierto día don Julio de Urrutia, periodista y escritor, se presentó en su casa madrileña del barrio de Goya con un tocadiscos portátil bajo el brazo. Fue un hecho muy celebrado por sus seis hijos, que a partir de entonces instauraron la costumbre de pasar muchas tardes, especialmente las de domingo, escuchando los discos de vinilo que solía conseguir Gonzalo, el mayor de los hermanos. Sin embargo fue el más pequeño, Jaime, quien vería en aquellas portadas que reflejaban a los Beatles, a Nino Bravo, a los Kinks o a Antonio Molina el inicio de un camino que lo conduciría a él mismo a aparecer en ellas años más tarde, como líder de un influyente grupo llamado Gabinete Caligari. Ahora, Jaime Urrutia ha mirado atrás para recuperar aquellas canciones que marcaron su infancia y juventud y lo formaron como músico y también como persona, y las ha reunido en el libro Canciones para enmarcar (Larousse). Una auténtica biografía sentimental que documenta un periodo de enorme trascendencia musical.

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Miguel Ríos: “La nostalgia es una pérdida de tiempo”

Miguel Rios escaladaCuenta mi amigo Fernando que la noche del 6 de marzo de 1982 le cambió la vida. Él era entonces un joven universitario y aquella tarde salió del colegio mayor en el que residía para ver a Miguel Ríos presentar su Rock&Ríos en el Pabellón del Real Madrid. Quedó anonadado al comprobar cómo el músico granadino se lo jugaba todo ante un público que había crecido durante los últimos años de la dictadura y que estaba deseoso de vivir intensamente y hasta sus últimas consecuencias la experiencia del rock’n’roll. El poderío de la banda, los equipos punteros de sonido e iluminación alquilados en Europa a precio de oro y, sobre todo, la entrega absoluta de Miguel Ríos enfundado en aquellas icónicas mallas a rayas, legendarias como el riff de guitarra de Bienvenidos, causaron en Fernando y en muchos otros jóvenes de su generación -“a los hijos del rock’n’roll”, dedicaba ese tema Ríos- un impacto imborrable.

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Los Acordes Rotos de Fernando Navarro

Hay quien se queja de que nunca  puede hacerme un regalo original debido a mi impaciencia para las cosas que realmente me gustan, ya que las consigo por mi cuenta en cuanto están disponibles. Puede que sea cierto, por ejemplo de determinados músicos y escritores nadie me regala jamás sus discos y libros porque los compro el mismo día que salen a la venta o me las arreglo para conseguirlos a través de la discográfica o la editorial. Frente a tales reproches suelo argumentar que buenos obsequios para mí serían una Gibson J-45, un concierto de Bruce en el Stone Pony o una Ducati Monster, cosas con las que nadie me ha sorprendido nunca… Cuento esto porque, días antes de las últimas navidades, en unos grandes almacenes tuve en mis manos recién llegado de imprenta el libro Acordes rotos (66 rpm), del periodista Fernando Navarro. Lo había colocado en el punto de mira desde que supe que Fernando lo estaba escribiendo, así que me acerqué a las cajas con él bajo el brazo pero, en el momento de pagar, decidí quitar la razón a quien me dirige esas quejas y volví a dejarlo en la estantería. Quizás alguna persona querida asumiera el papel de Rey Mago y tuviera la generosidad y el buen gusto de regalármelo. Por resumir, esa persona fue mi hermana y Acordes rotos es uno de los regalos navideños que más he disfrutado. Ahora explico por qué.

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