Cazar el tiempo, escribir con luz

No conocía a Juanan Requena, pero en el primer correo electrónico que me envió hace meses me llamaba hermano. Se percibía una sensibilidad especial en la forma de redactar aquellas pocas líneas que hablaban con elocuencia acerca de cómo Salitre48 había hecho de él otra persona, y la emoción que le provocaba que hubiese publicado un libro sobre ese puñado de canciones que para él resultaron definitivas. Después de leer aquel mensaje prometí regalarle un ejemplar, cosa que pude hacer días más tarde a través de nuestro amigo común Fernando Maquieira. De esta manera accedí al universo de un artista inquieto, si es que alguno no lo es, en incansable búsqueda y ocupado en dar caza al tiempo, en atrapar el instante, por ejemplo éste, el mismo que acaba de esfumarse para siempre. Lo dejó escrito, como tantas cosas, Antonio Vega: «Camino sin ver el final y el paso que aún no he dado ya está atrás».

Chema Doménech

Juanan Requena ama la poesía y la música, en las que halla inspiración y con las que complementa su obra fotográfica. También le gustan las piedras, las cuerdas o el papel y adora pintar, trazar, clavar y rasgar. Hacer y deshacer, andar y desandar caminos, no estar nunca parado. No detenerse es el nombre de la web de este artista que confiesa que uno de sus libros de cabecera es El breviario de la aurora, de Rafael Argullol, una obra que recoge lacónicas definiciones libres de casi 400 palabras. Para ‘Péndulo’, por ejemplo, Argullol utiliza la siguiente definición: «Cuando se extingue una ilusión, aparece otra» (de nuevo aquí se cruza la música por boca de Andrés Calamaro: «Dos ilusiones se irán a volar pero otras dos han venido»).

Atendiendo a esto, la vida para Juanan es un péndulo. Hace años tituló una exposición como Los tiempos ya han cambiado, en homenaje a  Dylan, pretendiendo poner de relieve la función que la fotografía tiene para salvaguardar un recuerdo del paso del tiempo. Pero él aún va más lejos, porque cree que el arte fotográfico es algo más que narrar lo conseguido o conservar lo perdido. Por eso acompaña sus imágenes con palabras, que ordena y desordena con el mismo fin: suscitar una emoción, transmitir un mensaje, provocar, en definitiva, un encuentro con la persona situada al otro lado de su arte. Antes que el título de fotógrafo, quizás a Juanan le encaje mejor el de escritor. El escritor que escribe con luz.

Hace unas semanas recibí un nuevo correo electrónico de un nervioso e ilusionado Juanan, como él mismo se describía en ese momento. Su propósito era el de anunciar la aparición de Al borde de todo mapa, su primer libro, trazado, según él, «con montañas de cariño y equilibrios precisos, constelado de preguntas y hermosas coincidencias». Esta vez era él quien prometía regalármelo, y pocos días después y una vez más gracias a la mediación de Fer, tuve en las manos un ejemplar, concretamente el número #20 de una tirada limitada y numerada de 1.500. Con una preciosa edición de Ediciones Anómalas, en el volumen late el alma libre de Juanan Requena, el tipo que, como Benedetti, se mueve entre siempre y jamás, entre fuga y regreso, entre luz y palabra.

Una obra que admite múltiples lecturas aunque todas recorren los senderos de la emoción. Un libro con detalles en los que perderse, construido con talento y fe, con cariño y pasión, sin otra pretensión que verlo terminado y sin más impulso que la necesidad de hacerlo. Porque Juanan hace sin esperar, consciente de que hay algo negativo en la espera que diluye la energía y la intensidad. «No esperes nada. Hazlo porque te nace, porque te late dentro» es una de las máximas que guían su camino artístico.

Al borde de todo mapa es un pequeño tesoro en el que todavía me estoy recreando, en el que me adentro con la misma sensación de explorar un territorio desconocido pero que siento cercano, afín. Porque en este libro que puede abrirse de diferentes formas y cuya primera frase reza «Nunca te irás» hay fotografías y palabras, poesía y música. Hay trabajo y amor. Y la evidencia de que Juanan Requena lo ha logrado: ha dado caza al tiempo y ha escrito con luz.

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