Gracias, Enrique

Lluvia de canciones durmiendo a la intemperie, ajenas a la fiebre de la noche del viernes. Nadie las recoge, bajo la tormenta, el último noviembre de los años 90.

Tarde de Perros. Quique González.

Hoy se cumplen 12 años del día en que aprendí que se puede llorar la muerte de alguien con quien sólo has cruzado un par de saludos y sentir esa marcha como la de un ser querido del entorno más íntimo. El 17 de noviembre de 1999, el último noviembre de los años 90, murió en Madrid Enrique Urquijo, el músico español que de forma más certera ha sabido reflejar en sus canciones los sentimientos que afloran de la melancolía y la tristeza. El autor de la banda sonora de varias generaciones de seguidores que, 12 años después de su muerte, siguen deambulando por los mismos paisajes que Enrique transitó corriendo hasta la mañana o persiguiendo sueños hechos pedazos.

La música española le debe a Enrique canciones exquisitas y estremecedoras como Buena chica, Volver a ser un niño, Cambio de planes, Ojos de gata, Pero a tu lado y muchas otras joyas imperecederas. Temas que, envueltos en el inconfundible ‘sonido Secretos’, se han convertido en clásicos que hoy se mantienen vigentes y suenan cada vez que el grupo que durante 20 años lideró, ahora con su hermano Álvaro al frente, se sube a un escenario. Un grupo que, por cierto, lleva varias noches colgando el cartel de no hay entradas en la gira que realiza estos días para presentar su último trabajo, En este mundo raro.

Si la grandeza de un artista se mide por la calidad de su obra y por la capacidad de influencia en otros artistas, no hay duda de que Enrique fue uno de los grandes no sólo por las maravillosas canciones que escribió, sino también porque su huella ha quedado impresa en toda una generación de músicos que crecieron escuchando Déjame, Sobre un vidrio mojado o Quiero beber hasta perder el control. Ahí está Quique González, a quien Enrique “apadrinó” incluyendo su impresionante Aunque tú no lo sepas en uno de sus discos con Los Problemas y que hoy es uno de los nombres más respetados del rock patrio. Huella que también sigue viva en artistas menos conocidos por el gran público como la cántabra Vicky Gastelo o la segoviana Rebeca Jiménez, autoras de canciones preciosas que a veces se juntan en un escenario y versionean joyas como Qué solo estás (en este caso, una impresionante letra de Enrique con música de Álvaro). O en Txetxu Altube, cantante de Los Madison, o en César Pop, teclista de Pereza y recientemente estrenado como solista, que estoy seguro de que en los respectivos bolos que defienden esta noche en Bilbao y Madrid tendrán un recuerdo especial para Enrique Urquijo, del que se declaran fervientes admiradores.

En muchos sentidos Enrique fue un pionero, un artista que navegó a contracorriente y abrió caminos hasta entonces desconocidos en el panorama musical español. En plena movida madrileña, un movimiento con el que siempre se le ha identificado pero que intuyo que poco tuvo que ver con él, mientras muchos se pintaban el pelo de colores y subían al escenario a desgañitarse cantando las letras más superficiales e intrascendentes, Enrique fijaba su mirada profunda en la otra orilla del Atlántico, en músicos como Gram Parsons, Bruce Springsteen, Neil Young o Jackson Browne, su gran ídolo. Ser fiel a un estilo de música que orbitaba en torno a sentimientos íntimos como el desamor o la melancolía, unido a un carácter tímido y reservado y a una inconfundible voz cavernosa y rota le granjearon una fama de tipo triste que muchos utilizaron para atacarle en vida y que le acampañó hasta su muerte.

Sin embargo, el tiempo le ha dado la razón. Gran parte de los artistas de aquella época viven ya sin focos, maquillaje ni pelucas en la calle del Olvido, mientras el nombre de Enrique Urquijo es hoy Trending Topic en la red social Twitter.

A nivel personal, todo el que me conoce sabe lo que la figura de Enrique significa para mí. No tuve la oportunidad de conocerlo al margen de los conciertos en los que lo vi actuar. Sí he podido entrevistar a su hermano Álvaro y al resto de Secretos, los grandísimos Ramón Arroyo y Jesús Redondo en diversas ocasiones, la última hace pocos días, e incluso he visitado varias veces el pequeño sótano de la casa familiar de los Urquijo en Argüelles, donde grababan sus maquetas, y he tenido en las manos cuadernos manuscritos por Enrique con las letras de canciones que hoy siguen emocionándome.

En la primera entrada que publiqué en este blog hace cinco meses trataba de explicar la manera en que la música, cierta música, había influido en mi vida hasta el punto de condicionarla en aspectos que a priori nada tendrían que ver con ella, por ejemplo en algunas relaciones personales. Ese primer post estaba ilustrado con una fotografía de Enrique Urquijo y el texto terminaba diciendo que “mi vida no sería la misma si nunca hubiera escuchado la voz de Enrique”. Parafraseando a otro grupo de aquella primera época, los Pistones, cuando cantaban aquello de “Yo jamás te hubiera conocido si no llega a ser por Los Ramones”, probablemente yo jamás escribiría este blog si no llega a ser por Enrique Urquijo.

Hoy 17 de noviembre, cuando se cumplen 12 años del día en que aprendí que se puede llorar amargamente por alguien a quien no conoces, estas líneas son mi sencillo homenaje a uno de esos artistas que definen mi existencia, al autor de las canciones que me han acompañado desde que era un niño y sin las que no concibo mi pasado, ni mi presente, ni mi futuro.

Por ello, aunque no nos conocimos, aunque nunca te lo dije, gracias por todo, Enrique. Quizás haya dejado de perseguir sueños rotos, pero 12 años después todavía te echo de menos. Exactamente igual que ayer.

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7 pensamientos en “Gracias, Enrique

  1. Chemita, ¡te extraño! A ver cuándo cae esa caña pendiente desde que me fui al otro lado del charco….

  2. Me he emocionado leyendo esto, especialmente cuando defines su marcha como la de un ser muy cercano. Aquel fatídico 17 de noviembre tuve esa misma sensación y sentí el vacío que deja una persona tan especial. Es una pena que se haya ido uno de los mejores compositores, o quizá el mejor, en castellano de los últimos 30 años.

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