Canciones furtivas

A esta hora del día o de la noche muchos lo ignoran, pero hay canciones furtivas en movimiento. Algunas ocupan sólo un puñado de líneas escritas sobre un papel, amenazadas aún por la sombra de probables tachaduras. Otras luchan por mantenerse a flote en el mar convulso de sentimientos en el que han nacido y donde se debaten. Quizás lo consigan o tal vez naufraguen calladamente, sin estrépito, lastradas por el peso de motivos subjetivos. Ahogadas incluso antes de tener una oportunidad para alcanzar la playa.

También las hay que ya han superado el trance y la confusión, y han sido reescritas en papel limpio, libres de borrones, definitivamente vestidas con la ropa con la que se presentarán un día ante tu puerta dispuestas a pulsar cortésmente el timbre o a tirarla abajo a puñetazos. Con la intención, en todo caso, de quedarse contigo para siempre.

Son canciones recién nacidas, el fruto de partos rápidos o de dolorosas gestaciones alargadas más de lo esperado. Canciones furtivas que sólo unos pocos privilegiados conocen todavía. Grabadas en teléfonos móviles con el ansia de la urgencia, listas para ser enviadas a buzones de confianza, ávidas por encontrar ese punto fascinante en el que dos emociones distintas confluyen. Unos pocos minutos de magia sustentados únicamente con una voz y una guitarra, o un piano, suficientes para decretar día festivo en la bandeja de entrada de wetransfer o whatsapp, recibidos como anticipos de la gloria que está por llegar.

Pocas sensaciones hay comparables a la de escuchar por primera vez una canción que logra moverte del sitio. Pero hacerlo en ese contexto de intimidad clandestina, cuando aún no ha echado a volar e intuyes que lo hará alto, es quizás la máxima demostración de que el amor desinteresado hacia la música puede ser correspondido. De que es un acierto buscar refugio en las canciones que un día llamaron a tu puerta o la echaron abajo.

A esta hora del día o de la noche muchos lo ignoran, pero esas canciones furtivas existen y están en movimiento. Nadie debería pararlo.

Chema Doménech

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