Chicas de canciones tristes

lucindawilliamscocheLo último que vio de él fue su espalda. Lo observó marcharse cargando una maleta, que chocó con el marco de la puerta al salir, antes de cerrar con suavidad. Fue aquel último golpe, de tan leve, el que le quebró el corazón. Hubiera preferido un portazo de rabia que avivase el rencor e hiciese el dolor más llevadero, pero tuvo que enfrentarse al silencio helado que ocupó la casa repentinamente. Ya hace casi un año y sigue sintiendo el frío. A veces parece que va a remitir, pero es entonces cuando regresa con mayor virulencia. Lo comprobó ayer mismo. Resultó divertido salir con los amigos, tomar unas copas y reírse con las ocurrencias de ese chico simpático de sonrisa canalla que se acercó a ligar con ella. Le recordó tanto a él que mientras regresaba a casa supo lo que estaba a punto de ocurrir. Aparcó el coche, apagó el motor y encendió un cigarrillo. Se sintió sola. Buscó en la guantera West, el disco de Lucinda Williams que últimamente lleva a todos lados, y pinchó el corte tres, Learning How to Live. Antes de que sonase el segundo acorde de Do rompió a llorar.

Chema Doménech

A veces una canción es lo único que te mantiene en pie. Cuando la sensación de desamparo es absoluta la música puede ser el bálsamo que la alivie, el cable al que aferrarse para no caer. Hay canciones tristes que, paradójicamente, reconfortan, aunque evoquen situaciones dolorosas y hagan aflorar las lágrimas. La dulzura puede estar envuelta en papel de lija, la belleza residir en el edificio más inhóspito. De los sentimientos de pérdida, de fracaso o de olvido surgen emociones potentes, atemporales e imperecederas. Cuando una canción se clava directamente en el hueso, la tristeza no suele andar lejos.

Es algo que saben las dos mujeres que esta semana llegan a España con grandes canciones tristes en el equipaje. Lucinda Williams se subirá este martes 11 de junio al escenario en Santiago de Compostela, iniciando una mini gira que la llevará a Madrid el 13, a Barcelona el 14 y a Bilbao el 15. Por su parte, Eilen Jewell también comenzará en Santiago su periplo hispano (el jueves 13), que incluye conciertos en Gijón (día 14) Andoain (15), Tarragona (16) y Madrid  (19 de junio).

Lucinda Williams. Foto: Web LW

Lucinda Williams. Foto: Web LW

Son citas ineludibles para los amantes de la música norteamericana porque ambas artistas, aunque de distintas  generaciones -Lucinda ya ha pasado la barrera de los 60 y Eilen aún no ha cumplido los 35-, escarban en las mismas raíces para sacar a la luz letras y melodías herederas directas de la tradición que reúne los sonidos del blues, del folk, del country o del rock.

Lucinda Williams se ha ganado el apelativo de ‘reina de la música norteamericana’. Sus botas gastadas han pisado miles de escenarios desde que a finales de la década de los 70 publicase sus primeras canciones y declarase su amor al blues en su disco debut Ramblin’. Con varios Premios Grammy en su poder, la artista de Luisiana se ha convertido en una leyenda viva que puede presumir de una trayectoria impresionante. Ahí están trabajos como Sweet Old World, Essence, West o el magnífico Car Wheels on a Gravel Road, considerado por algunos una especie de biblia del rock. Nadie como Lucinda Williams narra las alegrías y los sinsabores de la vida de una forma tan desgarradora y dulce, tan cruda y poética. Nadie como ella encarna la figura de mujer de carácter enérgico y alma sensible. Dura en apariencia, frágil en esencia. Entera por fuera, hecha pedazos por dentro. Quien desee comprobarlo que escuche canciones como Drunken Angel, Lonely Girls, I Envy the Wind, Little Angel, Little Brother o la mencionada Learning How to Live.

Eilen Jewell. Foto: Erik Jacobs

Eilen Jewell. Foto: Erik Jacobs

Eilen Jewell puede considerarse discípula de Lucinda. De hecho, pasea por los escenarios una guitarra adornada con el autógrafo de la veterana songwriter de Luisiana. Eilen transita por los mismos caminos polvorientos que muestran las huellas de Lucinda y de todos los músicos que las precedieron en ese terreno sentimental que a lo largo de los años ha conformado el sonido americano. Con su voz dulce y sus grandes ojos azules, la artista nacida en Idaho explora con soltura un universo sonoro que abarca géneros como el blues, el rockabilly, el folk, el country o el jazz.

Esta diversidad se refleja en la discografía de Eilen Jewell, que incluye un álbum de música gospel con un grupo paralelo llamado The Sacred Shakers o un disco de tributo a Loretta Lynn con versiones de la octogenaria cantautora country. El trabajo más reciente de Eilen es Queen of the Minor Key, publicado en 2011, cuyo título ya constituye una declaración de intenciones. Una preferencia por los tonos menores que se muestra en canciones tristes y hermosas como Over again o Santa Fe.

Al final, la vida te lo enseña. Nadie se levanta si antes no ha caído. La chica que llora sola en su coche de madrugada escuchando a Lucinda Williams sabe que tiene que aprender a vivir con la ausencia, y que el frío pasará. Como ella, todos necesitamos alguna vez canciones tristes que alivien la soledad y nos mantengan en pie. O que nos dibujen una sonrisa al recordar que aquel golpe fue duro, pero no nos tumbó.

Canciones como las que estos días traen a España Eilen Jewell y Lucinda Williams. Imposible faltar a esta doble cita.

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