Wilco, un chute contra el dolor

Hace un mes que el dolor entró por la puerta de al lado, sin llamar. Maldito. Es un demonio que atormenta el cuerpo y el alma y hace acariciar el deseo de una muerte liberadora que interrumpa abruptamente el sufrimiento. Pero nadie quiere morir, al menos para siempre, así que es necesario buscar alternativas menos drásticas aunque igualmente eficaces. Tal vez una dosis química que calme la tormenta y propicie un periodo de paz momentánea sea la solución aceptable. Impotente, he visto suplicar por un chute en el brazo cuando ese cabrón golpea tan fuerte que para el tiempo.

Chema Doménech

Pienso en ello mientras alrededor se desata una tormenta de luces y sonidos. El dolor sigue al lado, aunque acorralado, ya no debería durar mucho. Quizás cuando se vaya todo habrá cambiado, no se puede convivir con él y permanecer impasible. Cinco metros delante de mí veo a Jeff Tweedy, al frente de una de las mejores bandas del mundo. Es 16 de octubre y está terminando el concierto que Wilco ha programado en Madrid en esta gira otoñal por España. De hecho, está sonando la última canción antes de los bises. En medio de un delirio colectivo que se transmite desde el escenario y que recorre toda esta especie de vetusta nave industrial que parece el Palacio de Vistalegre, la banda de Chicago interpreta A shot in the arm.

La canción fue escrita en los 90, época en la que Tweedy vivía momentos de angustia vital que reflejaba febrilmente en sus composiciones. Aquejado de fuertes migrañas que lo hacían enloquecer de dolor y que mitigaba abusando de la química, el músico forjó en aquellos años su aura de artista atormentado, una leyenda que no consigue sacudirse ni cuando se muestra bromista, como esta noche en Madrid. Algunas de sus canciones de entonces dan fe de sus continuas bajadas a los infiernos, a través de letras oscuras apoyadas en sonidos estridentes e imposibles. Curiosamente, en ocasiones la mezcla daba como resultado melodías luminosas, como si el exorcismo de sus demonios interiores a través de la música fuera una extraña forma de redención.

En marzo de 1999 Wilco lanzó su tercer disco de estudio, Summerteeth, grabado en sesiones alternas entre 1997 y 1998. Sus canciones están influenciadas por los problemas matrimoniales que entonces tenía Jeff Tweedy y por la literatura que en esa época devoraba compulsivamente. Eso, unido a los ataques de migraña que atormentaban al líder de Wilco, dio como fruto una colección de canciones crudas y directas como esta A shot in the arm que suena ahora en Vistalegre. Un tema que perfectamente podría musicalizar la desesperación.

O el dolor, que se presiente desde el inicio de la canción, cuando un cenicero lleno de colillas delata una larga noche de vigilia y una almohada cubriendo los ojos para evitar el sol es la metáfora de alguien que no se alegra de estar vivo. El piano acompaña esas imágenes y es protagonista de ese inicio descorazonador que poco a poco irá adentrándose en el motivo, en el origen del mal. Después llegará el lamento, repetido por Tweedy en agónica letanía hasta la exaltación extrema: Maybe all I need is a shot in the arm, Maybe all I need is a shot in the arm, Maybe all I need is a shot in the arm… Quizás todo lo que necesite sea un chute en el brazo. Y, en el límite del paroxismo, con el público encendido, coreando la letra, el cantante pide el fin de la agonía gritando varias veces la misma súplica: Something in my veins bloodier than blood, Something in my veins bloodier than blood, Something in my veins bloodier than blood… Algo en mis venas más sangriento que la sangre.

Todo en la canción augura tormenta, la que se produce cuando el dolor es tan intenso que no se puede contener. Nels Cline o Mikael Jorgensen lo escenifican en directo con convulsiones frenéticas mientras golpean la guitarra y los teclados respectivamente. Hay que gritar ese dolor, liberarlo para dejar hueco a una esperanza que llega en forma de último verso: What you once were isn’t what you want to be any more. Lo que fuiste es lo que no quieres volver a ser.

Con esa frase se cierra el bloque principal de la actuación de Wilco este 16 de octubre en Madrid. Pasados unos minutos la banda volverá al escenario para comenzar el primer bis con Via Chicago, otro tema en el que se desata la tormenta y que todo el mundo debería poder escuchar en directo al menos una vez en su vida, e inmediatamente después Jesus, etc., una canción perfecta. Pero hasta que los de Chicago vuelvan al escenario, quedan rebotando −literalmente− por el granito gris del recinto esas palabras concebidas por el alma atormentada de Tweedy. Lo que fuiste es lo que no quieres volver a ser.

Si para algo sirve el dolor, tal vez la clave esté en esa frase. Quizás sea un error vivir ignorando que ese cabrón está ahí, agazapado, esperándonos, o puede que no hagamos otra cosa en esta vida que intentar evitarlo.

Veo a Wilco desaparecer del escenario. Estas dos horas de concierto impecable han resultado balsámicas, y es entonces cuando caigo en la cuenta de que a veces también necesitamos un chute aunque el dolor esté en la puerta de al lado. No en el brazo, pero sí en el cerebro y en el alma, una dosis que ayude a disipar los nubarrones, a olvidar la guerra que se libra frente a nuestra impotencia.

Un chute de música como la que se ha derramado esta noche otoñal en Madrid, interpretada por una de las mejores bandas del mundo y creada por un artista genial, en un valeroso intento de vencer a la desesperación.

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4 pensamientos en “Wilco, un chute contra el dolor

  1. Ese pequeño cabrón siempre está ahí dentro dispuesto a salir a pedir su chute, casi siempre por circunstancias propias y a veces ajenas. Sobre todo cuando son ajenas no hay que dejarlo salir, pero siempre hay que mantenerle alerta, dejándole un resquicio para que vea la luz y no se olvide de lo cabrón que es. Grande Tweedy. Y grande el PERIODISTA. Dura palabra en estos tiempos que corren.

  2. Muchas gracias, Chema, por un post tan intenso como éste. Sí, eso es lo que vivimos en el concierto de Wilco: intensidad. Y sensibilidad, como la que tú demuestras a través de tus palabras en este blog. El dolor es patrimonio de los sensibles. Al igual que el placer. Es difícil concebir lo uno sin lo otro. Padecer uno sin disfrutar del otro. Es una cuestión de sensibilidad. Ahí entra el arte. La música que amamos. La que nos redime y nos libera y, también, claro, por la que sufrimos.
    Por otra parte, estamos de acuerdo, “Jesus, etc.” es sencillamente perfecta.
    Gracia otra vez, Chema. Fue un placer saludarte y es un placer leerte.
    Nos vemos pronto.

  3. Pingback: Massena. Más que un lugar en el mapa de Norteamérica | Esa canción me suena

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