Las frases hechas, el Palmo y los benditos colmaos

la foto 1Cada vez que alguien escribe que había ‘magia en el escenario’ o que se podría ‘vivir dentro de una canción’, en algún lugar del mundo se malogra una carrera musical prometedora. Sin embargo hay ocasiones en las que no queda otro remedio que recurrir a una de esas tópicas frases hechas para acercarse a describir con un atisbo de fidelidad algo que es imposible trasmitir con palabras. Porque tal vez escribir sobre música supone perder el tiempo que podríamos emplear en escucharla, pero aquí insistimos en el probable error.

Anoche Jorge Marazu cerró por el momento en el Café Berlín su Ruta de los Colmaos, una experiencia que funde músicas antiguas y actuales y que este blog ha seguido de cerca desde que se estrenó hace meses en la Sala Berlanga. Poder asistir a un espectáculo así, en el que el talento de una banda de músicos impecables se pone al servicio de la sensibilidad descomunal de Marazu es, sencillamente, un privilegio. Da igual que sea jueves y esté al acecho el madrugón del viernes, o que en Callao no haya manera de aparcar, o que el Metro cierre antes de que termine el último pasodoble. Cualquier incoveniente es nimio ante la grandeza de lo que espera en el escenario. Y anoche hubo un momento de esos en los que ‘el tiempo se detiene’ (otra carrera musical al garete) cuando Jorge se quedó solo en el escenario e invitó a subir a su querido amigo César Pop. Conociéndolos es fácil que ya vinieran emocionados de casa, pero cuando César se sentó al piano e hizo sonar los primeros acordes del Romance de Curro el Palmo y la preciosa voz de Jorge entonó ese comienzo glorioso –“La vida y la muerte bordada en la boca”– esa emoción explotó y la onda expansiva se proyectó por todo el café. Hasta los del incivilizado grupo del fondo dejaron por un momento de molestar con su charla intrascendente, rendidos como todos a la belleza que los dos artistas iban extrayendo, uno al piano y otro a la voz, de esa barbaridad maravillosa que se inventó Serrat para narrar las desgracias del Palmo. Una canción ‘para quedarse a vivir en ella’, más aún cuando se interpreta con la ‘magia’ que anoche crearon en torno a ella Marazu y César Pop. Puede que estos tópicos acaben de malograr la carrera musical de alguien en algún sitio. No será desde luego la de estos dos amigos que andan por la vida persiguiendo canciones y atrapándolas con los lazos de un talento tan enorme como especial. Algo que pronto volveremos a comprobar en sus respectivos discos –Escandinavia y Noticias del Norte– que ambos tienen previsto publicar y que, atención, son grandiosos.

Ocurrió en el Café Berlín anoche, de madrugada, quién sabe qué música sonaría a esa hora en la televisión. Fue un privilegio escuchar a Marazu y a Pop, y a Toni Brunet, que dirige la banda de músicos que regentan estos benditos colmaos: Marina Sorín, Martín Bruhn, Josué Santos y David González. A todos, sólo una cosa: gracias.

Chema Doménech

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