Sudando la tristeza

A veces es suficiente escuchar por primera vez una canción para reconocerse inmediatamente en ella. En esos momentos efímeros y felices, en los que repentinamente los sentimientos emergen a flor de piel, reside la magia de la música para aquellos que la aman y la consideran la manifestación artística que de forma más eficaz pulsa los resortes de la emoción y la imaginación. Hace pocos días me ocurrió de nuevo. Iba distraído en los runrunes cotidianos, conduciendo y escuchando Diciembre, el disco debut de Leiva en solitario, cuando comenzó a sonar el último corte, Sudando la tristeza. Tres minutos después los runrunes ya no estaban y en su lugar quedaban un fugaz brillo en los ojos, una media sonrisa en la cara y un leve estremecimiento en la piel.

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