Marazu en la estela del cometa

Escuchando a Wilco aquella noche, Jorge Marazu tenía en la cara la misma expresión que se les quedó a esos padres levantados de madrugada que iban a colocar juguetes y encontraron a los reyes magos tomando whisky en el salón. Fue hace cerca de un año. Habíamos quedado para ver juntos el concierto de la banda de Chicago en el festival Noches del Botánico y para él era la primera vez. Hacía el calor con el que en los últimos años el verano sitia Madrid y Jorge venía alterado por las expectativas, así que antes de que empezara el bolo ya sudaba sentimiento. Mediado el concierto se subió a la grada con Pollo, pensé yo entonces que apabullado por la temperatura y la emoción, pero ahora creo que lo hizo para tomar la distancia precisa. Me quedé en la pista con Nacho Mur, otro músico pasional al que vi flotar cuando en los bises Tweedy y los suyos se desenchufaron para tocar, entre otras, California Stars (joder, cómo tiene que ver ese concepto musical con dónde anda metido Nacho un año después) y nos reunimos con Marazu al terminar. Intentamos usar tantas palabras para describir lo que acabábamos de vivir que nos faltaron las adecuadas.

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