Canciones que espantan miedos

César Álvarez*

No soy un crítico consignado en las nuevas redes sociales, así que no se me escapará una crítica preventiva y/o comparada del artista. No soy un estudioso que repare en menudencias sin gracia. No soy un seguidor afanoso que busque poner orden a sus conocimientos exhaustivos. No soy un quitador de polvo porque todavía no hay peligro de que se acumule. Por estas exclusiones de perfil, quiero escribir estas líneas de aquel domingo que Quique González y sus detectives aparecieron entre las sombras del escenario del Teatro Price de Madrid:

Hay canciones que espantan miedos. Hay canciones que sucumben al abismo de la verdad. Que expulsan obligaciones de la memoria. Que convierten el reflejo absurdo del rencor en una entrañable sobremesa. Que hacen dulces las miradas más zaínas. Que, pese a todo, crean un silencio devorador…

Hay canciones que inundan el corazón más deshidratado. Y canciones que custodian los momentos más hermosos. Y que se asemejan al lugar donde fuimos felices. Y que obedecen a la desconocida norma de la emoción que no se explica. Del llanto que surge porque sí…

Hay canciones que hacen realidad. Canciones que recobran voluntades que fueron abandonadas. Deseos que estuvieron apaciguados. Canciones cuya intensidad es acogedora. Cuya sencillez es duradera…

Hay canciones que versionan nuestros sentimientos. Que reúnen sin esfuerzo los fragmentos dispersos del amor. Que llaman a las metáforas por su nombre. A las cosas por sus motivos. Que, además, no esperan nuestra llegada. Las coges o no…

Hay canciones que te rompen sin avisar. Que cubren de razón nuestras sonrisas. Que nos acercan a los abrazos ansiados. Que descifran el volumen exacto de nuestra soberbia. Que pasan por encima y por debajo de nuestra atrevida conveniencia…

Hay canciones que nos arrojan a ser mejores. Canciones delicadamente salvajes. Tiernamente apabullantes. Canciones descomunalmente generosas. Brutalmente liberadoras…

Las canciones de Quique González de aquel domingo en Madrid.


*César Álvarez trabaja en el sector editorial y pertenece al círculo de amigos de infancia de Quique González. Es la persona que revisó los textos finales del libro Salitre48. Quique González en el disparadero, además de aparecer en sus páginas compartiendo recuerdos personales y su valioso punto de vista. Para Esa canción me suena es un placer publicar por primera vez un texto de una firma invitada y que sea precisamente la suya en este escrito poético, sentido y sincero.

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