El día que la música murió

Clarence Clemons ha fallecido a los 69 años de edad como consecuencia del derrame cerebral sufrido días atrás. No sé si alcanzo a imaginar lo triste que debe ser para Bruce Springsteen y el resto de los miembros de la E Street Band despedir a un amigo con el que han compartido 40 años de la mejor historia del rock y miles de noches subidos a un escenario haciendo vibrar de felicidad a millones de personas.

Mientras en mi ciudad se vive un fin de semana de conciertos para celebrar el Día de la Música, pienso en el verso que se repite en American Pie, “el día que la música murió”. Para su autor, Don McLean, éste fue el 3 de febrero de 1959, cuando los músicos Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper fallecieron al estrellarse la avioneta en que viajaban. No lo pudo escribir de  manera más expresiva: “the day the music died”.

Hoy, Día de la Música, la música ha muerto en parte para millones de seguidores de la banda de la calle E en todo el planeta. The Big Man no saldrá nunca más al escenario, ya ningún estadio enmudecerá emocionado al ver su gigantesca figura adelantarse unos pasos para interpretar solos en los que cada nota era derramada lentamente, como las lágrimas que al unísono corrían mejillas abajo por los rostros de quienes las escuchaban; como intensísimos y fugaces tragos de felicidad. En esos momentos mágicos, todos los sueños de miles de almas cabían en su saxo, tan brillante como él.

Hay una anécdota que habla de la capacidad de trabajo y del carácter pacífico y noble del gigante que se ha marchado. De muchos es sabido que trabajar con Springsteen puede llegar a ser desesperante, debido al afán perfeccionista del boss. Así ocurrió durante la grabación de Born to Run, que los músicos de la banda describen como un “infierno” porque no lograban encontrar los sonidos que únicamente Springsteen escuchaba en su cabeza.

Fueron largos meses de tensiones, de frustración y de maratonianas sesiones tocando en el estudio sin apenas comer ni dormir. Uno de los momentos más inspirados  de ese disco y de toda la carrera de Clemons es el solo de saxo de Jungleland, unos minutos en los que si escuchas con atención puedes ver tu vida pasar delante de ti. Para grabar ese solo, Clarence soportó jornadas de 16 horas de pie ante el micrófono repitiéndolo una y otra vez, mientras Bruce le interrumpía constantemente, escrutando y corrigiendo cada nota que salía de su saxo.

Cualquiera con menos paciencia hubiera mandado al diablo a la canción y a su autor, por muy boss que fuera. Pero el bueno de Clemons superó la prueba, obedeció con humildad las órdenes de su jefe y registró para la historia un solo legendario que permanecerá eternamente grabado en el corazón musical de millones de seguidores. Personalmente, si Born to Run casi significa un antes y un después en mi vida, es en parte gracias al solo de Jungleland. Pasados los años, Clarence Clemons lo resumía sin darse importancia: “Hice mi trabajo”.

Esta madrugada, Springsteen ha emitido un comunicado sobre la muerte de su compañero y amigo del alma. Empieza así: “Clarence vivió una vida maravillosa”. Quizás sea ese el consuelo que nos queda a quienes sentimos esta pérdida como la de alguien cercano. Porque sí, debe ser maravilloso dedicar tu vida a emocionar a millones de personas haciendo lo que te gusta, rodeado de músicos queridos que sienten lo mismo que tú.  Debe ser increible contemplar el mundo subido a un escenario al lado del boss, y repartir noche tras noche felicidad encapsulada en notas de saxofón. Espero que ese instrumento quede expuesto en algún museo, porque ha hecho mucho bien a la humanidad.

Como amante de la música de la E Street Band, hoy lloro a Clarence y le rindo homenaje escuchando una vez más las melodías que un día brotaron de su inmenso corazón saxofonista. Sé que me acompañarán mientras viva.

Gracias por todo y hasta siempre, Big Man.

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6 pensamientos en “El día que la música murió

  1. Pingback: POINT BLANK » Blog Archive » Clarence Clemons: en la prensa / in the press

  2. No sé si volveremos a tener la oportunidad de ver en gira a Bruce y la E Street Band, ojalá sí, pero es cierto que en las presentaciones de Bruce de sus compañeros en el escenario faltará para siempre la última, la esperada y coreada por todos. Nunca será lo mismo. Descansa en paz Clarence.

  3. Pingback: Bruce Springsteen & The E Street Band, en España en 2012 | Esa canción me suena

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