«Robe estuvo aquí»

Viví en un palacio y desprecié el lujo hasta que descubrí que el oro era falso. Me cubrieron de besos en un cuarto con ventanas abiertas al mar y al abismo. Me hospedé en un hotel en ruinas y de madrugada envidié a las cucarachas, que se hacían compañía. Me asomé a una tumba para decir adiós y todavía estoy allí.

En la bodega del barco sorprendí al capitán trazando planes con las ratas. En la cárcel estreché la mano del criminal. Bebí en la cantina hasta vomitar el asco y el dolor. Acudí al templo a rezar y lo encontré cerrado. Descarrilé en el vagón que perseguía los sueños. Disparé en la trinchera para matar al tiempo y al olvido.

Me visitó el demonio en una habitación pintada de otoño. Abrí la navaja en el túnel, sólo para ver si me asustaba. Salté al ring y el mal y el bien me apalearon. Aguanté la respiración en la cama del hospital para no oler la sangre y la mierda. Cerré el paraguas cuando llovía muerte en el patio de atrás.

Vi nacer a mi hijo en el laberinto que dibujó la esperanza. Me despertó en la cueva inhóspita el sonido de las flores al crecer. En el psiquiátrico, entre el griterío, escuché la música. Al desertar de la guerra llamé a la puerta y abrió mi mejor amigo. Me calentó la lumbre del hogar donde fui feliz.

En todos esos lugares leí la misma pintada en la pared:

«ROBE INIESTA ESTUVO AQUÍ»

Chema Doménech

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