Delantera Mítica y las noches de euforia

58611_10151408297240505_200868871_nFinales de noviembre de 2012. Son las nueve de la mañana y Quique González acaba de aterrizar  en Madrid en un vuelo procedente de Nueva York. Los últimos dos días los ha pasado en la Gran Manzana, desconectando de la que ha sido su rutina durante las semanas que ha permanecido encerrado en el estudio de grabación del productor Brad Jones, en Nashville, registrando el noveno álbum de su carrera, Delantera Mítica. Quique llega a Barajas solo, sin apenas dormir, cansado pero con el alma en un estado efervescente  provocado por la certeza de que lo que trae en la maleta es el disco con el que lleva soñando dos largos años. O quizás muchos más.

Chema Doménech

Su euforia se dispara cuando en la terminal de llegadas divisa la figura espigada de su amigo César García Miranda, que está esperándolo. El músico asturiano, conocido por el público como César Pop, ha ejercido el papel de jugador decisivo en esta Delantera Mítica. Tanto que, cuando se edite el disco, en siete de las canciones su firma figurará al lado de la del compositor madrileño que en ese momento lo envuelve con un abrazo. En el gesto hay amistad y todos esos sentimientos que comparten quienes alguna vez se han emocionado juntos cantando una canción. Y, en este caso, los dos colegas han compartido cantidad de emociones y canciones desde aquella noche inolvidable de hace años en la casa del madrileño en el valle, cuando a punto ya de irse a dormir, Pop se sentó al piano y dejó volar una melodía a la que Quique González se empeñó febrilmente en poner letra. Esa noche ninguno de los dos durmió, pero al amanecer unos cuantos amigos comunes escucharon por teléfono la primera versión de Riesgo y altura. El resto del mundo podría disfrutar de ella tras la publicación de Daiquiri Blues, disco en el que se incluyó esta canción con reminiscencias de cine negro alumbrada en la madrugada cántabra.

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Quique en lo estudios ‘Alex the great’, en Nashville, con el productor Brad Jones (derecha) y el guitarrista Will Kimbrough.

Como la noche de Riesgo y altura, a Quique le brillan los ojos. Es la manera de transmitir a su socio que el círculo está cerrado, que el trabajo en el que ambos se afanaron durante meses de búsqueda, vistiendo y desvistiendo canciones hasta dar con el traje perfecto para cada una, ha terminado y está listo para la pasarela. Por ello acuerdan ir directamente desde el aeropuerto a casa de César y escuchar ese resultado final.

Todavía es temprano, apenas ha amanecido hace un par de horas en Madrid, pero Quique viene sin dormir y, diablos, no todos los días uno llega de Nashville con un puñado de canciones bajo el brazo. Así que abren una botella de whisky para acompañar con un trago esta primera escucha común de Delantera Mítica. Todavía faltan tres meses para que el disco esté a la venta y quedan muchos detalles por perfilar, por ejemplo qué hacer con la adaptación de Is your love in vain?, la versión de Dylan que Quique ha grabado pero que duda si incluir o no en el disco. Finalmente aparecerá como bonus track. Pese a todo el trabajo que aún resta hasta que Delantera Mítica luzca en las tiendas, lo esencial ya es una realidad tangible. El disco suena varias veces consecutivas en casa de César Pop y lo hace de maravilla. Y eso hay que celebrarlo.

251994_10151433563435505_1278667833_nMartes 19 de febrero de 2013. Madrid amanece nublado y a Quique González le espera un largo día de promo, saltando de entrevista en entrevista para hablar de la que es la noticia musical del día: el lanzamiento de su nuevo disco. Los titulares inciden en la misma línea: un álbum cargado de rock rabioso, que atiza a los vendedores de humo y apunta a quienes han arramplado con el dinero y las ilusiones. Un disco dedicado a la amistad, también. O a lo que queda de ella cuando, por debilidad o torpeza, se traiciona.

Y a las chicas. Delantera Mítica contiene algunas de esas canciones que por sí solas justifican un disco y una de ellas es Las chicas son magníficas. Endulzado por la voz de Zahara en los coros, el tema es una sucesión de imágenes sugerentes envueltas en una melodía y unos arreglos musicales dignos del adjetivo que acompaña a esas chicas de las que habla. Contrabajo, dobro, banjo, piano, acordeón… Instrumentos creadores de una atmósfera preciosista que, en torno al minuto 2,50 y coincidiendo con un ‘Temblar’ pronunciado a medio gas con toda la intención por el cantante, hacen que el tiempo se detenga durante un par de segundos.

Degustado con calma, Delantera Mítica se revela plagado de instantes mágicos como ese, de detalles que quizás precisan de varias escuchas para ser valorados en toda su grandeza. No es éste un disco de consumo inmediato, más bien de trago largo, intenso como la canción que abre el álbum y primer single, Tenía que decírtelo, tema repleto de información que marca una línea de acción clara, por la que discurrirán muchos pasajes del resto del álbum: guitarras encendidas y furia lúcida y contenida en las letras. “Los presidentes de la desesperación” es un tremendo titular lapidiano que cualquier día podría abrir a cinco columnas las portadas de los periódicos en un país en el que los delincuentes levantan acta de sus fechorías ante el notario.

Este protagonismo de guitarras y de puro rock tiene su continuidad en canciones como ¿Dónde está el dinero?, Parece mentira o la extraordinaria Viejos capos, poseedora quizás de la letra más brillante de todo el disco, la que de manera sutil deja expuesta a la contemplación pública todas las miserias del sistema. “Los números no fallan, tus ídolos sí, sólo tienes que vivir con ello”.

Delantera Mítica deja también espacio al Quique González intimista y cercano que ha sido siempre, el mismo que todavía se sube de improviso a pequeños escenarios de cualquier garito acompañado únicamente por su guitarra acústica. Ese formato sigue siendo ideal para defender canciones como No encuentro a Samuel (en la nevera desde hace años bajo el título de Groupies eléctricas) o la que cierra el álbum y le da nombre, ambas dedicadas en toda su intensidad a la amistad, concepto sagrado para el músico como él mismo no se cansa de repetir.

Quique González y César Pop.

Quique González y César Pop interpretando ‘Dallas-Memphis’.

Por último, cualquier acercamiento al noveno disco de Quique González no puede pasar por alto dos canciones extraordinarias. Una es La fábrica, ambientada en el valle cántabro que desde hace años constituye el hogar del compositor madrileño, y la otra es Dallas-Memphis, que el periodista Fernando Navarro, autor de la hoja promocional del álbum, define certeramente como “un tex-mex en la duermevela”. Es la canción de alguien que se acercó muy joven a ‘viejos capos’ como Enrique Urquijo y se empapó de la tristeza que cruzaba el océano en la voz de José Alfredo Jiménez. Por ello Dallas-Memphis es una de las joyas de Delantera Mítica.

Hace tiempo, Quique González se sentó de madrugada frente al ordenador cabreado por culpa de un libro que tenía entre manos con la traducción de las letras del ídolo Bob Dylan. Traducción que en su opinión dejaba mucho que desear y así lo comunicó al mundo a través de su facebook, donde se inició un debate más o menos apasionado sobre el tema. Espoleado por ese punto de cabreo, el músico se impuso el reto de acercar al castellano y a su territorio una canción del mito como Is your love in vain?,  incluida en el álbum Street Legal. Lo hizo como desahogo y como ejercicio, sin ninguna intención de incluirla nunca en un disco. Pero las cosas son como son, y algo de la calidad que alcanzó Quique con este reto no podía, o mejor, no debía permanecer oculto. Por eso, y sin añadir nada más, el bonus track de Delantera Mítica es absolutamente imprescindible.

Durante varios meses, el siguiente vídeo también se ha mantenido en el anonimato. Se grabó de madrugada, en las calles de Sevilla (incluso se escucha de fondo el ruido del camión de la basura) en un momento en el que Quique González quiso regalársela a una docena de admiradores después de un concierto. Faltaban entonces pocos días para que el músico viajara a Nashville a grabar su disco. Hoy, desvelados ya todos los misterios de esta espera mítica, Esa canción me suena la comparte públicamente sin miedo de atraer la atención de la Policía Montada del Canadá. Un momento improvisado y mágico como este no puede, o mejor, no debe permanecer oculto.

Disfrutadlo. Delantera Mítica ya es parte de la mejor historia musical de un país que vivió sus noches de euforia.

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5 pensamientos en “Delantera Mítica y las noches de euforia

  1. Por fin se acabó la espera. El tarro de las esencias se destapa, dejando aflorar su mítico contenido y así los misterios se desvelan, las razones se explican y la expectación sostenida deja paso al disfrute atento. Celebración y gozo.
    ¡Cuánto has deseado escribir este post, Chema!, y ¡Cuánto hemos deseado leértelo! ¡Y conocer el video secreto de la madrugada sevillana! Todo llega. Y qué bien llega.
    Como nos llegan las canciones de Quique, como nos llegan tus palabras. Sentidas declaraciones del portavoz de los cultivadores de ilusiones que terminan recogiendo cosechas de emoción.
    Como siempre, gracias. Muchas gracias.

  2. La verdad es que me ha gustado mucho más el post que el disco. Sigo a Quique desde el 98 con Personal..cuando íbamos cuatro a verlo a cualquier garito. Joder de verdad que lo llevo en el corazón pero este disco y el anterior me han parecido pobres. Por supuesto q me he comprado el disco, como siempre, porque confío en él y se que volverá a hacerme vibrar. Creo q desde que cambió a García Montero por Kerouac lo perdí un poco. Espero recuperarlo pronto….siempre tiene una canción para mí
    En fin gran post como siempre Chema y perdón por mi confesión que por otra parte a nadie importa, jeje.

  3. Soberbio. Quique siempre me gustó pero nunca fui fanático. Esperaba las letras cuidadas y la música estudiada. Pero… ¡qué arreglos! Ese segundo nivel, ese sonido, esas cuerdas que cuando suenan paran los relojes. Me encantaría saber de acordes y no de oído para apreciarlo bien y que esto no fuese únicamente la opinión del profano.

    Los buenos discos se disfrutan la primera vez que los escuchas conduciendo. Solo. Sin copas ni murmullos; sin artificios. El disco, tú y tus expectativas. Y de esta guisa, me parece que las chicas de Quique siguen siendo magníficas.

  4. Pingback: Basilio Martí. ¿Y si todo fuera un ‘Lapsus’? | Esa canción me suena

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