Los Acordes Rotos de Fernando Navarro

Hay quien se queja de que nunca  puede hacerme un regalo original debido a mi impaciencia para las cosas que realmente me gustan, ya que las consigo por mi cuenta en cuanto están disponibles. Puede que sea cierto, por ejemplo de determinados músicos y escritores nadie me regala jamás sus discos y libros porque los compro el mismo día que salen a la venta o me las arreglo para conseguirlos a través de la discográfica o la editorial. Frente a tales reproches suelo argumentar que buenos obsequios para mí serían una Gibson J-45, un concierto de Bruce en el Stone Pony o una Ducati Monster, cosas con las que nadie me ha sorprendido nunca… Cuento esto porque, días antes de las últimas navidades, en unos grandes almacenes tuve en mis manos recién llegado de imprenta el libro Acordes rotos (66 rpm), del periodista Fernando Navarro. Lo había colocado en el punto de mira desde que supe que Fernando lo estaba escribiendo, así que me acerqué a las cajas con él bajo el brazo pero, en el momento de pagar, decidí quitar la razón a quien me dirige esas quejas y volví a dejarlo en la estantería. Quizás alguna persona querida asumiera el papel de Rey Mago y tuviera la generosidad y el buen gusto de regalármelo. Por resumir, esa persona fue mi hermana y Acordes rotos es uno de los regalos navideños que más he disfrutado. Ahora explico por qué.

El título del libro, acordes rotos, hace referencia a músicos que, por una razón u otra, murieron sin llegar a culminar el camino que parecía trazado para ellos. Bien por una muerte temprana, por una vida marcada por la tragedia o por la falta de éxito y reconocimiento, todos esos acordes quebrados tienen en común haberse ido de este mundo dejando alguna cuenta pendiente. Además, los 33 artistas que Fernando Navarro retrata con maestría en su libro son estadounidenses, músicos que con su arte contribuyeron a la supremacía mundial que en el terreno musical (como en muchos otros campos) el país norteamericano demostró en el siglo XX, convirtiéndose en la cuna de la música moderna.

Creo que lo mejor que ha hecho el autor, además de escribir con su habitual pasión sobre la vida y obra de todos estos músicos y recuperar datos poco conocidos de muchos de ellos, es ligar la existencia de éstos al contexto político, económico y social que les tocó vivir, con lo que el libro cobra un valor especial como notario de acontecimientos históricos que forjaron el gran país que hoy conocemos y admiramos.

Imagen de Johnny Thunders que ilustra la portada. Fotografía de Xavier Mercadé.

Así, en las primeras semblanzas, dedicadas a artistas negros de la primera mitad del siglo pasado como Bessie Smith, Robert Johnson -que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos a cambio de acceder a los secretos del blues- o Billie Holiday, está muy presente la discriminación racial, sin la que no se entienden géneros como el gospel, el blues o el jazz. El libro pasea al lector también por los desolados escenarios de la depresión económica del 29, los mismos que de forma magistral reflejaron en su obra los escritores John Dos Passos y John Steinbeck (Las uvas de la ira ha servido de inspiración a diversos artistas norteamericanos, incluido Springsteen y su fantasma de Tom Joad), y que se repetirían en la gran crisis económica que siguió al final de la Segunda Guerra Mundial.

Hasta llegar al siglo XXI, de la mano de músicos como Woody Guthrie, Charlie Parker (el saxofonista “perseguidor” de Cortázar), Hank Williams, Buddy Holly, Eddie Cochran, Sam Cooke, Otis Redding, Roy Orbison, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Gram Parsons o Jeff Buckley, el autor se adentra en los orígenes y evolución de los géneros que han hecho grande la música norteamericana, desdel el blues al rock’n’roll, desde el country al grunge, desde el soul al punk. En realidad, como dice Fernando Navarro, “en este libro, mi admiración es hacia Estados Unidos en general, aun con todos sus desbarajustes, y hacia su música en particular”. El autor recuerda las palabras que una vez escuchó pronunciar al rockero Johnny Kaplan: “La música es el mejor regalo de Estados Unidos al mundo”.

Por si fuera poco, el libro está prologado por Quique González. Desde hace años, gran parte de lo que me interesa en la música nacional pasa por él, ya sea a través de músicos que lo consideran un referente o por su participación en proyectos como el que nos ocupa. Así quedaba claro en una de las primeras entradas de este blog, dedicada al décimo aniversario de Salitre. Según escribe Quique, “los outsiders en los que se detiene Fernando Navarro son un pueblo sin Estado, y sus mejores canciones suelen ser el resumen de su propia vida”. El libro termina con el epílogo de Ignacio Julià, un sabio con una trayectoria impresionante a sus espaldas en el periodismo musical.

Fernando Navarro.

Merece la pena leer los acordes rotos de Fernando Navarro. Pese a su juventud, es uno de los periodistas patrios con mayor conocimiento de la música, en especial de la de raíz norteamericana. Su blog en El País (La Ruta Norteamericana) es imprescindible para cualquier amante de los ritmos y melodías estadounidenses. Os animo a visitarlo pero eso sí, después volved a pasaros por aquí.

Siempre que leo sus artículos me descubre algo nuevo, ya sea un artista del que no había oído hablar, una anécdota que no conocía o una canción que había pasado por alto. A veces abruma con sus conocimientos y entonces descubro que el bueno de Fernando consigue lo que pocos: que eche la vista atrás y me arrepienta de algunos aspectos de mi pasado. En este caso, de no haber buceado con mayor profundidad en determinadas músicas. Pero intento remediarlo. Acordes rotos es un buen lugar en el que sumergirse para explorar esos paisajes olvidados, trágicos o malditos en los que se encuentra el origen de los sonidos que hoy se escuchan en grandes estadios o en minúsculos garitos y en los que perviven la brillantez y el genio de quienes un día se atrevieron a soñar haciéndole al mundo el mejor regalo posible: su música.

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2 pensamientos en “Los Acordes Rotos de Fernando Navarro

  1. Describes a la perfección, de una manera llana, lo que sientes, Chema . El libro tiene una pinta excelente…. Seguramente en poco tiempo, forme parte de nuestra biblioteca.. Muchas gracias por toda la información y enhorabuena por tu escrito.

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